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Psicología Positiva

Inteligencia Social: Lazos Rotos

Notas sobre el Libro de Daniel Goleman.

Entrega 3 de 6.

Leer la entrega anterior: Inteligencia Social: El Instinto de Altruismo.

Tiempo de lectura: 7 minutos.

Parte II

Tú-Ello

El psicólogo Martín Buber acuñó el término Tú-Ello para la gama de relacione que van simplemente de indiferentes a absolutamente explotadoras. En ese aspecto los otros se convierten en objetos, tratamos a alguien más como una cosa que como una persona. Alguien que ve a otros para solo utilizarlos para sus objetivos se llama agénico. Soy agénico cuando no me importan tus sentimientos, sino lo que yo quiero de ti.

Yo-Tú

Es la capacidad de una persona de sintonizar, de querer entrar y ver la realidad interior del otro. Algunos psicólogos la llaman “interconectividad” para referirse a ese entrelazado de mundos interiores. La frase Yo-Tú es una manera de describir el mismo tipo de conexión empática.

En alemán Du (Tu) es la más íntima, la palabra que utilizan los amigos y los enamorados. Los modos cotidianos de Yo-Tú van desde el simple respeto y cortesía, al afecto y la admiración y a cualquiera de las infinitas maneras que tenemos de demostrar amor. En el modo Yo-Tú la relación se convierte en un fin en sí misma y en él se utiliza el camino bajo mientras que la racionalidad el camino alto.

La empatía le abre las relaciones Yo-Tú, en esos momentos nos sentimos reconocidos. Freud vio que una intensa compenetración podía forjar una inmediata identificación, un sentido de que el otro y uno mismo somos virtualmente uno y el mismo.

En la vida cotidiana, con las personas que ni son nuestros familiares o amigos, el trato Tú-Ello es común, ignorando el “resto de su identidad humana”. Las personas con profesiones asistenciales deben de hacer el esfuerzo de tener un poco de relación Yo-Tú para tratar con empatía a la persona asistida.

El Dolor del Rechazo

El sentimiento de dolor tiene una base neurológica. Nuestro cerebro registra los rechazos sociales en la misma área que registra cuando nos lastimamos físicamente, en la corteza cingulada anterior. Para el hombre prehistórico este rechazo podría significar una amenaza de muerte, por lo que debería de existir el impulso a reparar las relaciones amenazadas.

La risa y el llanto vienen espontáneamente de momentos primarios de conexión social, nacimientos, muertes, casamientos, reencuentros, la pena y la alegría.

La “Depresión Social” es la desdicha especifica por las relaciones conflictivas amenazadas, generando comúnmente angustia. De todos modos, ser tratado como un Ello, como si no importáramos duele mucho.

Empatía y Proyección

El filósofo David Hume observó una “notable inclinación” en la naturaleza humana a dotar a las otras personas de las mismas emociones que notamos en nosotros mismos.

Las personas absortas en sí mismas, pérdidas en sus mundos internos, no tienen más opción que proyectar esa sensibilidad a quienquiera que perciben, mientras que la empatía crea circuitos de retroalimentación ajustándonos a la realidad de la otra persona.

Nuestro sentido de bienestar depende hasta cierto punto de que nos consideren un Tú, nuestra necesidad de conexión es una necesidad humana primaria: un colchón mínimo de supervivencia.

La Tríada Oscura

La empatía es el primer inhibidor de la crueldad humana. Reprimir nuestra inclinación natural a sentir con el otro desata la crueldad. Cuando una persona tiene como rasgo distintivo el elidir la sintonía, típicamente se encuadra en lo que los psicólogos llaman la tríada oscura: narcisistas, maquiavélicos y psicópatas. Las tres comparten una esencia desagradable, aunque a veces bien oculta con duplicidad y malevolencia social, egocentrismo y frialdad emocional.

Narcisistas, Sueños de Gloria

Los dirigentes narcisistas saludables tienen la habilidad de reflexión y están abiertos a la verificación de la realidad. Son confiados, ambiciosos, se pueden embarcar en desafíos y dejar un legado positivo. Tienen una actitud en la madurez que les da confianza en su talento y la autoconfianza esencial para el éxito.

Otros, en ausencia de remordimientos y empatía son indiferentes a las necesidades de sus empleados, evitan la crítica constructiva que perciben como un ataque. No escuchan, prefieren pregonar y adoctrinar. Toda una organización se puede volver narcisista con el gran riesgo de la viabilidad de responder con ingenio a la dura realidad.

Los narcisistas más negativos son desagradables, no sienten la mayor inclinación hacia la intimidad emocional, son competitivos, cínicos y desconfiados y están siempre dispuestos a explotar a las demás personas que hay en sus vidas glorificándose a Costa de los demás.

El Maquiavélico

Este personaje reaparece inmerso en las encarnaciones como el científico loco decidido a tomar el mundo o como el jefe encantador de una cruel banda criminal. Instintivamente odiamos a este personaje por su falta de escrúpulos y su inteligencia al servicio de los fines malignos. El Príncipe, el libro de Nicolás Maquiavelo era el manual del siglo XVI para tomar el poder político y retenerlo mediante la astuta manipulación del aspirante a gobernante, que pensaría solo en sus propios intereses y que no le importaría el pueblo al cual aplastaría al llegar al poder.

Para el Maquiavélico, el fin justifica los medios por más dolor humano que cause, siempre calculadores y arrogantes. Las relaciones envenenadas y la mala reputación que desprenderá algún día los hará descarrilar dejando una secuela de personas resentidas. No sólo están desprovistos de emociones sino también del sentido ético que fluye de la preocupación humana.

El Psicópata: El Otro como Objetivo

En el desorden de personalidad antisocial, sus rasgos distintivos son el engaño y la falta de consideración a los otros. Su irresponsabilidad consecuente no les despierta remordimiento, sino solo indiferencia al dolor emocional que puedan sufrir los demás.

Para los psicópatas, las personas son siempre un Ello, una marca a embaucar, usar y desechar. Parecen inmunes al estrés y no sienten angustia. Su cableado Neurológico los adormece a la gama de emociones que se generan con la aflicción humana por lo que no perciben el dolor emocional de los otros y por ende no aplican freno interno a su mezquindad o crueldad.

El remordimiento y la venganza y sus primos cercanos, la culpa y el orgullo son emociones sociales o morales. Estas emociones presuponen presencia de empatía para sentir que nuestro comportamiento será evaluado por los demás. Los miembros de la tríada obscura los presentan solo de manera atrofiada, si es que presentan alguna.

Las emociones básicas como la ira, la melancolía, el temor y la alegría están cableadas al cerebro al nacer e inmediatamente después, pero las emociones sociales requieren de autoconciencia, una capacidad que apenas empieza a surgir a partir del segundo año de vida. A partir de que se siente que es una persona separada, aparece la habilidad de sentirse mortificado por lo que los demás pueden pensar de nosotros y el sentimiento de avergonzarse, es la primera emoción social de un niño.

La ira justiciera parece activar un ciclo de recompensa en el cerebro que provoca hacer cumplir las normas mediante el castigo a los infractores.

En ausencia de culpa y temor los castigos potenciales pierden su poder de disuasión, por eso los psicópatas siguen actuando en contra de las normas sociales.

La Ceguera Mental

Es la inhabilidad para leer los sentimientos a partir de la observación de los ojos, en empatía y en la intimidad con las amistades, es la carencia de precisión empática, es no poder percibir que sucede en la mente de alguien.

Visión Mental

Es la habilidad para aprender lo que parece estar pasando en la mente de alguien, también es conocido por los neurocientíficos como teoría de la mente, es captar pistas en su rostro, su voz y sus ojos para sentir sus sentimientos y deducir sus pensamientos.

Si carecemos de este sentido estamos perdidos en lo que es relativo a amar, considerar, cooperar, negociar y compartir, así seremos torpes en los encuentros sociales. Las relaciones serían huecas, como si fueran objetos, como los autistas, ciegos a la mente.

La visión mental exige las siguientes habilidades básicas: distinguir entre uno mismo y los demás, comprender que otra persona puede pensar diferente que nosotros, percibir las situaciones desde otra perspectiva y darse cuenta de que los objetivos de otros no tienen que ser de interés nuestro.

La falta de esta habilidad es una deficiencia en el funcionamiento de las neuronas espejo. Una vida social consistente depende de un flujo constante de tales juicios rápidos: la visión mental haciendo su trabajo, todos leemos la mente.

El Cerebro Masculino

El cerebro masculino extremo, no tiene ideas cuando se trata de una visión mental, la empatía parece estar atrofiada. Pero esa deficiencia viene acompañada de fortalezas intelectuales.

El cerebro femenino extremo, por otro lado, se destaca por la empatía y la compasión de los pensamientos y sentimientos de los demás.

El patrón óptimo, dice el psicólogo Barón Cohen es tener un cerebro “equilibrado” que tenga fortalezas tanto en empatía como en sistematizaciones. Un médico con dichas habilidades por ejemplo sería capaz de dar diagnósticos precisos de tratamiento al tiempo de que sus pacientes se sentirán escuchados, comprendidos y cuidados.

Leer la cuarta entrega ‘Inteligencia Social: Los Genes No Marcan el Destino‘.

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