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Psicología Positiva

Ética Nicomáquea, la Felicidad Según Aristóteles

Tiempo de lectura: 9:30 minutos.

Síntesis de las ideas principales de los 10 libros de ética de Aristóteles

Esta es la Obra sobre ética en donde Aristóteles sostiene que la virtud lleva a la felicidad.

La materia principal del libro es la felicidad del hombre, en qué consiste y como alcanzarla. Dice que es fin y blanco de la actividad humana.

Señala dos tipos de virtudes: las morales, que son los hábitos de voluntad y las virtudes contemplativas que tocan la inteligencia. Las primeras se alcanzan actuando y las segundas se alcanzan aprendiendo.

En un libro específico también habla de la amistad, la concordia, la benevolencia, la generosidad y la sabiduría. Hace particular énfasis en la justicia que dice es la virtud más necesaria para la conservación del mundo.

Dice que todo acto humano tiene un fin, y que el oficio del buen varón de acuerdo con su tarea o arte, es vivir de alguna forma de vida, conforme a razón, hacer las cosas bien y honestamente y, es naturalmente amigo de vivir en comunidad.

Con la verdad todas las cosas cuadran de inmediato, la verdad no congenia con la mentira. Nuestra razón armoniza con la idea de que el dichoso ha de vivir bien y obrar bien.

La felicidad es un ejercicio del alma conforme a perfecta virtud incluyendo. La sabiduría y la prudencia como virtudes del entendimiento y la liberalidad (manejo adecuado del dinero) y la templanza son virtudes de costumbres.

Las virtudes de la doctrina nacen y crecen con la doctrina y el estudio, por lo que necesita tiempo y experiencia, pero la virtud moral procede de la costumbre, y se confirman obrando. Obrando cosas justas nos hacemos justos, viviendo templadamente nos hacemos templados, así como haciendo cosas valerosas, nos hacemos valerosos.

Quien de toda cosa huye, a toda cosa teme y a ninguna cosa aguarda y se hace cobarde, por el contrario; quien a ninguna cosa teme, se vuele decidido y atrevido de la misma manera el que se da todo regalo y pasatiempo y no se abstiene de ninguno se vuelve disoluto, pero el que huye de todo placer como los rústicos se hace un tonto sin sentido.

En el alma hay tres géneros de cosas: afectos, virtudes y hábitos. Llamo afectos a la ira, el temor, la envidia, el regocijo, el amor, el odio, el deseo, los celos, la compasión y en general todo lo que se añeja como tristeza o alegría y como facultades aquellas que nos permiten ser capaces en nuestro trabajo, arte u oficio. La virtud en las acciones y los afectos se ejercita y tanto el exceso es error, como la falta es afrenta, por lo que tomar el justo medio es lo más favorable de manera que ganar virtud es una medianía.

El regocijarse o el entristecerse de todo no está bien. Pero hacerlo cuando conviene, en lo que conviene, con los que conviene, por lo que conviene y como conviene es buscar lo justo, lo cual es propio de la virtud. Por eso el exceso o el defecto (falta) son propios del vicio y de la virtud la medianía.

La virtud es pues un hábito voluntario trazado por la razón y la prudencia.

Contamos entre los vicios: el gozarse de los males ajenos, la envidia, la desvergüenza, el adulterio, el hurto y el homicidio. Está en el hombre el hacerlo o no hacerlo, la virtud o el vicio, de la misma manera decide el injusto y el disoluto.

El temor es una aprehensión por un mal venidero, como son la infamia, la pobreza, la enfermedad, la falta de amigos y la muerte y cuando procede, temerles es honesto, como en el caso de la infamia. El hombre valeroso en cuanto a hombre, no se espanta, pero teme cosas como conviene y como dicta la razón. Es pues la valerosidad o fortaleza una medianía entre la osadía y el temor. Matarse a uno mismo por salir de cosas de pobreza, amores o por cualquier cosa triste no es hecho valeroso sino acto de cobardía. La templanza es una virtud muy importante para la quietud del mundo.

Los placeres son de dos tipos: unos, los espirituales como el deseo de honra o de doctrina, estos no afectan al cuerpo ni al sentimiento, solo al pensamiento y los corporales o sensuales que sí tocan al cuerpo a través de los sentidos como el tacto, olor, gusto. Henchirse con comida y bebida en forma disoluta vuelve esclava a la persona de sus propios deseos porque sufre tristeza cuando no los alcanza.

El templado apetece cosas que importan para la salud y para conservar el cuerpo, que no sean perjudiciales o que contravengan con la honestidad y el cuidado de la propiedad o hacienda.

La liberalidad es la medianía en las cosas del dinero y los intereses, dar o recibir dinero. Ambos la prodigalidad y la avaricia son excesos. La prodigalidad destruye la hacienda porque es casi siempre acompañada de otros vicios. De todos los virtuosos, los liberales son los más amados, porque son útiles a los demás. El hombre que se juzga merecedor de grandes cosas es un necio y se dice henchido y, el que se juzga digno de menos de lo que es, es hombre de poco ánimo.

La mansedumbre es una medianía en lo que toca a los enojos, el exceso podría llamarse pasión, que es la ira. El que se enoja en lo que debe, con quien debe, también como debe, cuando debe y por el espacio de tiempo que debe, es alabado. Un hombre tal cual será el manso y la mansedumbre es alabada. El hombre manso pretende vivir libre de alteraciones sin que sus afectos o emociones lo muevan más de lo que quiere y le manda la razón, conforme a ella y en lo que ella dictare, cuánto tiempo le obligare enojarse y no más.

Los alterados y coléricos fácilmente se enojan con quien no deberían y más de lo que deberían, por lo que no deberían, aunque para ellos esta alteración rápidamente se les pasa, que es lo mejor que ellos tienen.

El que traspasa las leyes, el que codicia demasiado, el que no guarda igualdad se le dice injusto. La ley demanda que se hagan cosas de hombre valeroso no huir, arrojar las armas, no hacer afrenta a nadie, no herir a nadie o decir injurias. De esta manera la justicia es virtud perfecta y comprende a todas las virtudes.

El oficio del prudente es poder consultar las cosas buenas y útiles para sí, la salud y todo lo que importa para vivir prósperamente conservando el entendimiento y la razón.

La más perfecta ciencia es la sabiduría y esta es el entendimiento de las cosas y es el de mayor precio y quilataje. El principal oficio del hombre prudente y que entiende ciencia es el de aconsejar bien, con discurso de buena razón para conjeturar las cosas que se pueden hacer y poner en obra.

El hombre moderado es benigno y misericordioso capaz de perdonar en las particulares cosas, es el recto juez que juzga conforme a la verdad.

Las virtudes son hábitos y consisten en actuar por eso como ejemplo la salud es el hábito de cuidar el cuerpo y parece que de nacimiento tenemos una cierta fortaleza, templanza y justicia que junto con la prudencia se hacen hábitos acompañados de razón. No se puede hacer buena decisión sin prudencia, ni menos sin virtud. Porque la virtud pone el fin y la prudencia pone los medios para alcanzarla.

La amistad es una virtud y es una cosa necesaria para la vida, en los estados de prosperidad y abundancia, así como en los casos de pobreza o desventura, porque sirven de refugio. Los mancebos tienen la necesidad de los amigos para no errar y los viejos para que les hagan servicios y los de mediana edad para hacer hechos ilustres, porque yendo dos en compañía mejor podrán entender y hacer bien las cosas.

Siendo los hombres amigos no hay necesidad de la justicia. Entre los justos el más justo es el que más deseoso de amigos se muestra ser. La amistad no solo es necesaria sino alabamos a los que son aficionados a hacer amigos, hábil para trato deleitoso, con larga conversación, alegre porque nuestra naturaleza huye lo más posible de lo triste y apetece lo suave y deleitoso, digno de amarlo y escogerlo. Los amigos desean el bien a sus amigos.

Cuando los padres hacen los cumplimientos a los hijos y los hijos hacen los cumplimientos a los padres, la amistad entre ellos es durable y buena. El amigo es aquel que conversa con el amigo y ama lo mismo que él, de su dolor se duele y de su alegría se regocija y desea que dure y viva y, existe la buena voluntad mutua. Generalmente hablando, la buena voluntad es virtud y procede de la bondad. La concordia es conformidad de pareceres y opiniones.

En cuanto al amor propio no debe uno estar enamorado de uno mismo, pero es conveniente ser amigo de uno mismo. Importa mucho encontrarle gusto a lo que conviene y es de importancia y valor para alcanzar la virtud y la vida prospera, porque los hombres escogen las cosas deleitosas y huyen de las tristes.

El deleite está relacionado a los sentidos, como es la afición a la música, a la escultura, a la comida quitando lo desabrido a la vida y cada uno encuentra en su vida su propio deleite que le vale la pena ejercitar.

Concluido el hablar de las virtudes, los afectos y los deleites y los hábitos, podemos hablar de la felicidad que es fin y blanco de todas las cosas humanas. La felicidad no es hábito, pero si ejercicio, en los ejercicios se escoge como obrar cosas honestas y virtuosas, así como escoger juegos o aficiones deleitosas sin descuidar la propia salud, hacienda o intereses y todo conforme a la razón, el entendimiento es la virtud principal del que tiene conocimiento de las cosas honestas y divinas, es el más continuo de los ejercicios.

En la felicidad ha de haber mezcla de deleite, siendo la sabiduría la más valiosa a cultivar.

El que en los negocios de la vida se conduce según la razón, honrándola y respetándola, con vida recta, honestamente, practicando las virtudes de prudencia, templanza, justicia, valor, liberalidad, amistad y benevolencia, resultará ser un hombre sabio y feliz.

Con esto termina el resumen de los 10 libros de ética de Aristóteles.

Mi comentario y conclusión

Me gustó mucho este libro porque el que se le ponga nombre y apellido a las virtudes valiosas que conviene fomentar, así como a los vicios comunes que conviene evitar, creo que es algo muy necesario. Es un ejercicio que creo todos debemos reflexionar tarde o temprano. Creo que sería una reflexión útil en algún nivel escolar de preparatoria, especialmente en este siglo XXI en donde no se habla de estos temas, tan detalladamente.

Aristóteles le dedicó este libro a su hijo Nicomaco, de ahí el nombre, para su uso en su búsqueda de la felicidad. Yo lo agrego en mi blog para que quien lo lea aumente su léxico sobre las virtudes que existen y para darle difusión a las ideas de Aristóteles para alcanzar la felicidad.

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