Mexico en el Precipicio. El Fracaso de la 4t. Inroduccion.


        Mexico en el Precipicio. El Fracaso Económico de la 4T    

Por Macario Schettino…

Tiempo de lectura: 17 minutos.

Macario Schettino es profesor investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, es tambien columnista en el Financiero y comentarista en Dinero y Poder (Canal 11). Economista y Analista Político.

Fue Coordinador General de Planeación en el Gobierno del Distrito Federal y ha sido directivo en instituciones académicas y medios de comunicación, así como consultor de partidos políticos, empresas y gobiernos. Ingeniero Químico, maestro en Economía, doctor en negocios y candidato a doctor en historia; recibió el Premio Nacional de Comunicación José Pagés Llergo 2021 por su columna política “Fuera de la Caja”. Es el autor de éste y otros muchos libros, como Cien Años de Confusion, El Fin de la Confusion y Economía en 1 Día. El libro lo iré reseñando en primera persona tal cual lo escribe Macario y respetuosamente hablándole de Usted, no incluyo ningun tipo de critica inutil sino solo narro los hechos basados en informaciones comprobables y reportajes periodisticos, presenta una revisión de las principales políticas públicas, programas y proyectos de la Administración de Andrés Manuel López Obrador. Tiene su base en cifras oficiales (hasta donde existen) o estimaciones públicas.     La idea central es comprender lo que significan esas decisiones, sus costos y beneficios y con ello plantear el escenario más factible a corto plazo.

Inicia con una serie de viñetas, que definen a López Obrador antes de su llegada a la presidencia. Narro experiencias propias y hago uso de artículos periodísticos que publiqué en su momento. En los siguientes capítulos se analiza el tema del aeropuerto (Capitulo 2 llegando mal), la obsesión por el petróleo, Capítulo 3 el peso del pasado), Capítulo 4 (Cadena de errores), Capitulo 5 (Primero el Sureste), y la situación de las finanzas públicas (Capitulo 6) La quiebra, cierra con una revisión de la destrucción institucional (Capitulo 7. Destruyendo el Futuro), que a diferencia de los capítulos anteriores, no es un tema esencialmente económico, pero si es de mayor relevancia para el futuro. Hasta donde fué posible, se buscó no calificar en exceso las decisiones, sino hacerlo en evidencias. Espero que el libro sea útil para entender mejor lo que ocurre en todas sus dimensiones y ámbitos las políticas públicas de AMLO y sobretodo, para empezar a preparar lo que sigue, que no será nada sencillo.

        Capitulo 1 Esbozo de AMLO.    

Conocí a Andrés Manuel una mañana de 1996. Nos invitó a desayunar el ingeniero Cuahutémoc Cardenas, cerca de su departamento en Polanco, Había conocido a Cárdenas unos meses antes, pero lo que al parecer lo motivó a invitarme, fué la aparición de  Para Reconstruir México un libro que la izquierda recibió muy bien. El propósito de desayuno era que Cárdenas me presentara al nuevo presidente del PRD y me solicitaba apoyo como asesor económico a la presidencia del partido. Andrés Manuel traía un ejemplar subrayado. Acepte con gusto. El desayuno terminó rápido. López Obrador debería ir a Los Pinos a saludar a Ernesto Zedillo en su nueva posición, momento que aprovechó para exigirle que cambiara el modelo económico. Zedillo, con sorna le contestó que podría considerarlo si acaso el PRD tenía una alternativa. (recordemos que antes de Ernesto Zedillo habian matado al candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio y creo que Zedillo por esa razon tenia mas apertura con la oposicion tanto del PRD como del PAN)

Iba ya de regreso a mi oficina cuando recibí la llamada de López Obrador, me narro estos hechos y me preguntó si era posible construir ese modelo alternativo. Cuando le respondí que si, afirmó que convocaría a los economistas del PRD para que junto con ellos diseñaramos dicho proyecto.

A la primera reunión asistieron muchos miembros del PRD con más o menos conocimientos de economía, que posteriormente abandonaron las reuniones poco a poco. Llegué con mi laptop (entonces una herramienta poco común) en la que podría analizar escenarios fiscales para diferentes opciones de política. Algunas sesiones después invité a un amigo cercano, destacado economista, quien me acompaño por todo el proceso.

Una tarde cuando las discusiones parecían empantanadas, López Obrador nos reunió y declaró: El presidente del PRD soy yo, y el modelo económico es el que propone Macario. Ustedes pueden tener opiniones personales al respecto, pero la opinión del partido es la del presidente. Quedé sorprendido por esa declaración; me pareció muy autoritaria y pensé que si bien en ese momento me resultaba favorable, sería igual de sencillo que en otra ocasión cayese del lado contrario. Sin embargo, ya estábamos a la mitad del proceso electoral de 1997 y no era momento de retirase, de forma que seguí colaborando con López Obrador el resto del año.

El «Programa para el desarrollo económico con justicia social 1988-2000 que elaboramos, se publicó en febrero de 2017, los únicos asesores externos éramos mi amigo y yo todos los demás firmantes eran miembros del PRD incluyendo a López Obrador. El documento sirvió como propuesta de campaña de ese año que resultó ser un triunfo espectacular del PRD: no solo logró obtener una cuarta parte de la Cámara de Diputados, sino también la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, en la candidatura de Cárdenas.

A inicios de diciembre el ingeniero Cárdenas me busco para ofrecerme el puesto de coordinador general de Planeación y Desarrollo del Gobierno del Distrito Federal, lo cual era un gran honor. Acepte con gusto y avisé al PRD que dejaba de colaborar con ellos a partir de ese mes. Así que mi relación directa con López Obrador duro tal vez 14 o 15 meses.

Meses después el ingeniero Cárdenas nos citó a desayunar cierto sábado en la casa de su padre, el General Cárdenas, en las Lomas, para que diversos funcionarios del Gobierno se reunieran con el presidente del partido. Durante el desayuno López Obrador intentó convencer a Cárdenas de promover una pensión para adultos mayores (que él mismo implementaria años después). La propuesta no fue respaldada por los responsables de las finanzas, ni por el encargado de Planeación. Aunque tenía muchas virtudes políticas era evidente que pondría en problemas las finanzas públicas.

En 1999 López Obrador me invitó un café en Sanborns de San Ángel, que ya no existe. Y esa noche me comentó que pensaba participar como candidato a la Jefatura de Gobierno del año 2000 y quería saber mi opinión. Le comenté que me parecía que no cumplía con el requisito de residencia; además le recordé que él había afirmado ser un líder social y que al terminar su periodo del PRD se regresaría a Tabasco, cerré la plática diciéndole: Andrés regrésate a Tabasco.     Ya por tercera vez me cito en las oficinas de Cárdenas en la Roma, cede de la Fundación para la Democracia. En esa ocasión asistí acompañado de mi amigo quien también participó como asesor durante el gobierno de Cárdenas, adscrito a mi oficina. Al llegar le dije «Andrés yo no quiero trabajar contigo, pero me acompaña mi amigo, excelente economista, gente honesta, que además sí quiere trabajar contigo, Andrés Manuel López Obrador, Carlos Urzúa, los dejo para que platiquen. No he vuelto a ver a López Obrador desde ese día.

Ya en el gobierno de la ciudad López Obrador tuvo dos aciertos, por un lado la pensión para adultos mayores que había propuesto a Cárdenas sin éxito y por otro una conferencia diaria a las 6 de la mañana que le permitía poner la agenda mediática. Para financiar la pensión el Gobierno de la Ciudad entró en un periodo de austeridad que le impidió hacer cualquier otra cosa adicional, hasta que en una entrevista radiofónica, con Gutiérrez Vivó «se le ocurrió, “literalmente” que haría un segundo piso en el periférico, cuando su secretario de obras fue entrevistado al respecto, no tenía la menor idea de la noticia. De hecho se negó a hacerse cargo de ese proyecto que tomó la Secretaria de Medioambiente de la ciudad, Claudia Sheinbaun.

        El gobierno dejó de hacer su trabajo en casi todos los rubros para concentrarse en repartir recursos con el programa “70 y más” que poco a poco se encargó de cubrir al Gobierno de la ciudad.    

        Pero no solo fueron las pensiones, sino también la construcción del segundo piso. Cuya información aparece oculta por 12 años y es confuso lo que existe.    

Con respecto al desafuero y el “complo” contra Andrés Manuel López en épocas de Vicente Fox, López Obrador no se sabía entonces, cómo lo utilizaría para sus fines electorales.     Nadie duda de algunas habilidades políticas de López Obrador, pero falta ver qué tanto puede aprovechar las circunstancias sin la cobertura de los medios que ha recibido por cuatro años. Sin las “mañaneras”, los medios regresarán a sus agendas propias, y el control que ejerció Andrés durante cincuenta meses habrá terminado.

Esa es la verdadera amenaza del desafuero: sin los medios de comunicación, sin el presupuesto del D.F. utilizado políticamente,     que queda de Andrés? Es en verdad el gran líder de la “izquierda nacional”? O es simplemente un personaje muy autoritario, carismático, que por azares del destino quedó en el PRD, partido que está perdido y necesita dirección?

Hay medios y editorialistas que han decidido apoyar a Andrés, sin hacer caso del poder judicial, del sentido común y de toda evidencia que muestra que Andrés es el último exponente del régimen de la Revolución. O tal vez me equivoco y es precisamente por eso, porqué ven el él el regreso a ese pasado tan denostado pero tan seguro, por lo que lo apoyan..

        Y si el poder judicial ha presentado su postura, porqué insistir en el “complo”? Con tanta evidencia que tenemos del desprecio que Andrés ha tenido siempre por la ley, porqué apoyarlo? Porque se ha autodesignado líder de los pobres? Porqué se dejan engañar tan fácil?    

Una gran cantidad de opinadores profesionales, tradicionalmente de “izquierda”, a quienes nunca había gustado mucho Vicente Fox, creyeron muy pronto la versión de López Obrador. Para ellos todo esto era una conspiración (“complo” en el léxico de López Obrador) para impedirle participar en las elecciones de 2006. El resultado del proceso es conocido. Se llevó a cabo el “juicio político” en la Cámara de Diputados, el Partido Revolucionario Institicional (PRI) respaldo la acusación y desaforo a López Obrador. Pocas horas después el procurador renunció, el gobierno desistió de la acusación y Amlo obtuvo un amplio triunfo mediático: era la víctima.     Sin embargo, visto desde 2022, me parece que el panorama mucho más claro. Lo que solo mirábamos unos pocos, es decir, el desprecio que tiene López Obrador por las leyes y por el Poder Judicial, creo que hoy es ya evidente para todos. De hecho muchos de los que en aquel entonces lo respaldaron, hoy ya no lo hacen.  Y solo ahora con AMLO en la presidencia, la mayoría por fin entiende su personalidad. Dicen sentirse traicionados, aunque es claro que se engañaron ellos mismos. En mi opinión Andrés es uno de los mejores políticos, capaz. No quiero decir que sea inteligente, o de buena fe, o competente como funcionario.     Es un exelente político nada más.

Así, no es de extrañar que los seguidores de AMLO insistan en comparar lo que hoy ocurre con 1988 o incluso con 1968. Para quién no tiene compromiso político, la comparación es absurda. Pero no sorprende, porqué, lo que Andrés conoce, de lo que habla, lo que propone, es siempre cosa del pasado. Su libro del proyecto alternativo es una excelente muestra. El pasado como guía del futuro. Desde 2005 creí que más que un gran líder político, era un gran embaucador, y que a través de líderes con tribuna había logrado construir una imagen muy diferente de la realidad.     Fue esa imagen que lo llevó a un paso del triunfo en 2006. Pero fué la realidad, su incapacidad de hacer política, de negociar, de construir alianzas, lo que le impidió ganar. Cómo ha sido su costumbre, no aceptó la derrota y argumentó fraude, algo que jamás pudo probar . Se le llegó a llamar la fracción hipócrita. Término que viene del griego que significa “actor”, pero su uso normal en español se refiere alguien que miente, quien engaña, a un farsante. Y eso es lo que ahora está le esta pasando al candidato perredista, frente a una derrota que no esperaba.

        Con gran facilidad acusó al IFE de haber desaparecido tres millones de votos. Pero él y su equipo sabían que esos votos estaban en las casillas con inconsistencias, pero mintió acusando al INE de desaparecerlos, para poder argumentar el fraude inexistente.    

La doble moral de López Obrador es un asunto aún más grave por la facilidad con que él se califica de tener principios. No solo eso sino que ha dicho cientos de veces que el no miente. Y todos sabemos ahora, que ha mentido en múltiples ocaciones, el hipócrita, más bien. Construye rumores e infundios. Y con ese doble juego ha tenido algo de éxito en sembrar dudas en la votación. Cómo mejora la democracia con eso?     López Obrador es un autoritario, no un demócrata. Nunca lo ha sido, y eso lo podrán testificar sus compañeros en el PRD, si tuviesen un poco de dignidad.

    López Obrador está intentando un golpe a la democracia, no solo ha despotricado contra el IFE, los otros partidos, los empresarios, los ciudadanos e incluso sus seguidores. Ahora pretende desacreditar al Tribunal,  porque este no le aporto pruebas que permitan modificar algo. Y cuando el tribunal valide la elección, López lo hará parte del complot.

Lo dijimos antes: López Obrador representa al pasado. No a la democracia y el desarrollo, sino el autoritarismo paternalista. Y ya tuvimos medio siglo de eso y no sirvió de nada.

Rumbo a la elección de 2012, Ebrad y López Obrador acordaron decidir quién sería el candidato con una encuesta; esta era irrelevante porque Marcelo había tenido un gran desempeño como jefe de Gobierno, mientras que López Obrador estaba en el sótano de las preferencias.

La encuesta constaba de cinco preguntas y lo que se anunció públicamente fué que AMLO había ganado en tres de ellas y se había convertido en candidato para la presidencia. En realidad ocurrió al revés: Ebrad tenía ventaja en tres preguntas, pero también tenía enfrente al personaje más agresivo de la política mexicana. Tal vez pensando en la diferencia de edad, y en qué habría otra oportunidad, Marcelo se hizo a un lado. Debe seguir arrepintiendo se todos los días.

En la elección de 2012 Marcelo hubiese sido capaz de vencer a Josefina Vázquez Mota y a Enrique Peña Nieto, pues habría ocupado con facilidad buena parte del espacio de la primera e impedido el crecimiento que el segundo obtuvo, por esa razón. López Obrador, en cambio, solo alcanzó ubicarse en un muy lejano segundo lugar. Cómo de costumbre, Arguyo fraude, e incluso intento demostrarlo con unos chivos y unos borregos.

Se convirtió en un personaje irrelevante, al extremo en que en las reformas estructurales simplemente no apareció, durante la más significativa de todas, la energética, se anunció que un ataque al miocardio le impidió organizar la oposición, pero sería su hijo del mismo nombre el encargado de bloquear el recinto. No tuvo éxito en ello y no pudo impedir su aprobación.

Lo que si hizo López Obrador frente al pacto por México fue abandonar al PRD y fundar un nuevo partido político Movimiento Regeneración Nacional (Morena).     En su primera aparición electoral, Morena logró quedarse con la mitad de los votos que anteriormente le pertenecían al PRD, con lo que la izquierda parecía regresar a lo de siempre: enfrentamientos internos que diluían su presencia electroral.

Rumbo a la elección del 2018 el PRI no parecía tener ninguna oportunidad, y la decision parecía quedar entre Ricardo Anaya, candidato de la coalición PAN-PRD-MC y López Obrador candidato de Morena-PT.     En febrero de ese año, sin embargo, lo Procuraduría General de la República acusó a Anaya de estar involucrado en un fraude inmobiliario, y eso le dejo el camino libre a López Obrador. Sin competencia, recibiendo todo el apoyo del viejo priismo, López Obrador se encamino al mayor triunfo electoral en la historia de México (que no tiene gran historia Electoral, por cierto).

        A cuatro años de distancia ha caído gran parte de los mitos obradoristas. Sin embargo hay quienes siguen creyendo que es un político excepcional, razón por la cual publique en El Financiero la columna titulada “Tampoco”:    

    Habíamos dicho en estas páginas que el presidente tiene dificultades con muchos temas, y una visión limitada. Pensábamos que si bien el desempeño en economía, relaciones internacionales, política social, administración pública, era deficiente, no había duda de su conocimiento y habilidad política.  En una frase decíamos que lo que entiende y hace bien es el ejercicio del poder político.

Sin embargo participando en un foro televisivo de el Financiero caí en la cuenta que estaba equivocado. En realidad el desconocimiento y limitaciones del presidente son más amplias de lo que pensaba.     Tampoco entiende de política, concluí esa semana. Se trata de una afirmación muy aventurada. Decir que el presidente de la República no entiende de política parece un gran absurdo, pero muchos decian lo mismo de Vicente Fox. Sostener que la persona que ha ganado la presidencia con mayor claridad, y que tuvo desde antes del inicio de su gobierno, un control total de la política nacional, simplemente no ha sabido utilizar esos recursos, de entrada suena absurdo.

Sin embargo es ahí donde se explica mi afirmación. Contaba con la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y se quedaba corto por poco en el Senado, veintiuno congresos locales, mayoría absoluta en su triunfo electoral, y que hizo con eso?

        Ha destruido buena parte de lo que habíamos levantado en los 25 años previos, sin duda, pero no ha logrado construir nada a cambio. Hoy mismo, nada de lo que ha hecho tiene la posibilidad de sobrevivir. No se usa, ni se usará, su aeropuerto, Dos Bocas o el Tren Maya. No tiene control de lo que está ocurriendo en educación, ya no puede dar el gobierno mexicano cobertura en los servicios de Salud, no tenemos abasto suficiente de energéticos, se ha perdido la posición de México en el mundo.    

Pero usted dirá, ya habíamos dicho eso antes y esto explica la afirmación de que tampoco entiende de política pública. Quienes piensan lo contrario suelen usar la popularidad como evidencia, pero esa es una medida poco reveladora y menos cuando casi ya no se hacen encuestas como a ocurrido en el sexenio. Más que la popularidad, lo que importa es el apoyo al Gobierno y, en esas mismas encuestas se ha desplomado. El presidente no entiende de política, digo yo, porque es claro que no ha sabido construir una fuerza creciente o al menos consolidada, que le permitiera impulsar su proyecto, sí éste existe. Por el contrario, en su afán por concentrar el poder en su persona, le ha impedido a Morena convertirse en un partido político real, ha eliminado los canales de intermediación con la sociedad y ha cosechado derrotas en las urnas. Perdió la elección Intermedia, y desde entonces no ha podido controlar a los Diputados; perdió sus dos consultas la referida a los expresidentes y la propia en la que no tuvo respaldo popular relevante y ha perdido ya cualquier posibilidad de modificar la Constitución. No tiene nada, a pesar de haber tenido poder absoluto por los primeros tres años de su mandato.

No tiene capacidad de respuesta: al abrir la sucesión en reacción a su derrota en las intermedias, agilizó su perdida de poder, y la elegida no pudo capturar parte de las pérdidas.     Ahora inventa otra opción, cuando ya ha polarizado tanto que ni siquiera hay capacidades de diálogo, justo lo que este nuevo precandidato debiera atender.

Polarizar cuando no se cuenta ni con un tercio de la población asegurado, no es una estrategia inteligente. Eso está haciendo. Queda entonces demostrado.

Espero que estás viñetas permitan entender mejor al personaje y el porqué de muchas de sus actuaciones, fobias y rencores, líder autoritario con el que trabajé unos meses, pero que me aleje en cuanto pude. Aunque me invitó a continuar colaborando con él ya como candidato al Gobierno de la ciudad preferí no hacerlo, porque su visión de las finanzas públicas como herramienta electoral me parecía, y me sigue pareciendo, inmoral. Los daños que ocasionó durante su gobierno en la ciudad, se han extendido ya por más de 15 años, tal vez porque los siguientes responsables provinieron de la misma fuerza política, tal vez porque no es facil terminar con programas que regalan dinero. Conviene tenerlo en cuenta para el futuro.     Finalmente su capacidad para victimizarse, pero también para jugar siempre en la frontera de las leyes, cuando no por encima de ellas, no debe menospreciarse. Lo ayudó a ganar y puede ayudarlo en un futuro próximo.


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