Los Sistemas Economicos y Monetarios de la Postguera

        Los sistemas económicos y monetarios de la posguerra    

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    Más que un nuevo sistema monetario y económico internacional la postguerra de la Guerra Fría dieron pie a un sistema dual. En un lado estaba el bloque liderado por Estados Unidos, y al otro lado el bloque soviético y cada uno tenía su modelo.  Además, había algunos países no alineados que controlaban sus propias monedas, aunque estas no siempre eran aceptadas de forma generalizada. En el año de 1944 se reunieron en Breton Woods (New Hampshire, USA) representantes de un total de 44 países para crear un sistema monetario que vinculase el dólar al oro y al mismo tiempo ligase las divisas de otros países al dólar. El sistema de la Unión Soviética se basaba en el rublo que nadie quería fuera de dicho bloque.     Las transacciones entre países son muy diferentes a las transacciones de dinero dentro de los países . Los gobiernos quieren controlar el dinero que se usa dentro de sus fronteras porque al aumentar o disminuir su oferta el gobierno tiene un poder enorme para endeudarse e influir en el valor de esa deuda.

Como resultado del Acuerdo de Bretton Woods el dólar se convirtió en la principal moneda mundial de reserva. Esto era un desarrollo natural, porque las dos guerras mundiales habían convertido a Estados Unidos en el país más rico y poderoso, con una gran diferencia. Al final de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos había acumulado un importante ahorro de oro/dinero hasta el punto que controlaba alrededor de dos tercios de todo el oro/dinero manejado por los gobiernos del mundo, una cifra que hubiera permitido financiar íntegramente un total de 8 años de importaciones. Incluso después de la guerra, Estados Unidos siguió ganando mucho dinero gracias a su poderío exportador.

        Las economías de Europa y Japón terminaron arrasadas por la guerra. Como solución, y para luchar contra la propagación del comunismo, Estados Unidos les ofreció grandes paquetes de ayuda: el Plan Marshall y el Plan Dodge. Estas iniciativas fueron a) buenas para las devastadas naciones europeas y b) buenas para Estados Unidos porque los mercados europeos emplearon parte del dinero para importar bienes producidos en el país norteamericano, c) buenos para los intereses geopolíticos de Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría y d) buenas para reforzar la posición del dólar como moneda de reserva dominante en todo el mundo.    

De 1933 a 1951 vimos que con ánimo de apuntalar los objetivos más importantes que se había fijado Estados Unidos, la Reserva Federal controló directamente la cantidad dinero en circulación, el costo del dinero, es decir, los tipos de interés y el destino del dinero, de modo que el libre mercado se vio plenamente respetado. Más específicamente la Reserva Federal imprimió una gran cantidad de dinero para comprar deuda, limitó los tipos de interés que podían cobrar los prestamistas y controló ciertas formas de inversión. Aunque aumentó la inflación, los tipos no llegaron a crecer hasta alcanzar cotas inaceptables y las regulaciones del gobierno impidieron que otras formas de inversión ganasen peso en comparación con la deuda pública.     Después de la breve recesión de postguerra, derivada de la disminución del gasto militar, Estados Unidos entró en un período prolongado de paz y prosperidad, algo típico al comienzo de un nuevo Gran Ciclo.

El sector privado estadounidense experimentó un proceso de globalización que hizo que sus inversiones en el extranjero crecieran con fuerza desde 1945 hasta la década de 1970. Las acciones estaban baratas y la rentabilidad de los dividendos era alta, de modo que surgió un mercado alcista que duró varias décadas y reforzó el predominio de Estados Unidos como un centro financiero mundial, lo que a su vez atrajo aún más interés y fortaleció aún más el papel del dólar como moneda de reserva. Todo esto siguió la dinámicas clásicas dando pie a un repunte propio de la fase alcista del Gran Ciclo, en la cual las dinámicas positivas se refuerzan mutuamente.

    Estados Unidos aprovechó los recursos disponibles para invertir en mejorar la educación, y desarrollar increíbles tecnologías (por ejemplo, las que permitieron que el hombre llegase a la Luna) y mucho más. El mercado de valores alcanzó su punto más alto en 1966 marcando el pico tras 16 años de auge aunque entonces nadie detectó que la marea había empezado a bajar.  Fue en aquellos años cuando Ray Dalio comenzó a tener un contacto directo con los mercados. Inició a invertir en 1961 a los 12 años. Por supuesto no sabía que estaba haciendo y dice que no apreciaba lo afortunados que éramos mis contemporáneos y yo. Habíamos nacido en un momento y lugar más propicio. Los Estados Unidos de postguerra eran una potencia industrial por lo que la mano de obra se valoraba enormemente y     millones de adultos consiguieron un buen trabajo y pudieron hacer que sus hijos obtuviesen una educación universitaria con la cual ascender sin limitaciones en el mercado de trabajo. Había una clase media muy amplia y la mayoría de la gente se mostraba feliz con el rumbo de su país .

Estados Unidos siguió todos los procesos típicos que ayudan a que una moneda extienda su poderío internacional. Sus bancos incrementaron sus operaciones y préstamos en mercados extranjeros. En 1965 solo 13 bancos estadounidenses tenían sucursales en el extranjero, pero en 1970 esas cifra ascendía a 79 y en 1980 casi todas las entidades financieras del país tenían al menos una sucursal foránea con un total de 787 oficinas bancarias en el extranjero. Los préstamos internacionales se dispararon. Sin embargo, como también es típico en ese tipo de contexto a) el crecimiento no estuvo exento de excesos e imprudencias y b) poco a poco se constató el auge de otros mercados internacionales como Alemania y Japón. A raíz de todo esto, las finanzas estadounidenses comenzaron a deteriorarse a medida que se esfumaron sus superávits comerciales.

        Los estadounidenses nunca se pararon a pensar cuánto costaría el programa espacial, “la guerra contra la pobreza” o la guerra de Vietnam. Se sentían tan ricos y el dólar parecia tener asegurado su estatus como moneda de reserva que simplemente parecía que la política fiscal “de armas y mantequilla” iba a durar para siempre.    

Pero cuando la década de 1960 llegó a su fin el crecimiento del PIB real estaba cercano a 0%, la inflación del 6%, el tipo de interés exigido a la deuda pública emitida a corto plazo por el gobierno, rondaba el 8% y el desempleo volvió a estar en torno al 4%. Durante la década previa, las acciones estadounidenses arrojaron una rentabilidad anual del 8% mientras que los bonos de deuda se mantuvieron a la saga, hasta llegar a cifras negativas (menos 3% anual). Medido en dólares el precio final del Oro se mantuvo fijo, con una Modesta apreciación a finales de la década, mientras que las materias primas siguieron proyectándose con debilidad, con una rentabilidad anual del 1%.

        Los años 70, el problema de la balanza de pagos, crecimiento bajo, inflación alta    

A medida que en 1969-1970 la inflación se aceleró y la economía se debilitó, la Reserva Federal no pudo seguir manteniendo una política monetaria estricta, por lo que la balanza de pagos de Estados Unidos empeoró y el dólar cayó en picado. En lugar de seguir registrando superávits el país fue viendo cómo se ahondaba su déficit en la balanza de pagos (Estados Unidos compraba mucho más que el resto del mundo de lo que vendía en los mercados internacionales). En el verano de 1931 los estadounidenses que viajaban por Europa tenían dificultades para cambiar sus dólares por más marcos alemanes, francos franceses o libras esterlinas.     La administración de Nixon prometió no devaluar el dólar, pero en agosto de 1971, Estados Unidos incumplió su compromiso de convertir el dólar en oro ofreciendo a cambio papel moneda.  El crecimiento del dinero y el crédito ya no estaba restringido, de modo que había comenzado una década de estanflación. Al mismo tiempo, otros países industrializados habían recuperado la fuerza económica que dejaron durante las guerras y se habían vuelto muy competitivos en los mercados globales. En lugar de ver estos problemas como señales de lo que estaba por venir, los estadounidenses los interpretaron con un pequeño retroceso temporal. Sin embargo, a medida que avanzaba la década, los problemas económicos introdujeron nuevos problemas políticos y viceversa. La guerra de Vietnam y el caso Watergate se enquistaron, se produjeron fuertes aumentos en los precios del petróleo, inducidos por las decisiones de la OPEP, así como subidas en los precios de los alimentos, sobre todo, debido a las sequías a medida que el coste de la vida fue a más, los estadounidenses se endeudaron más para intentar mantener su estilo de vida, la Reserva Federal permitió un crecimiento acelerado de la oferta monetaria para adaptarse a ese ritmo de creciente endeudamiento y evitar la imposición de unos tipos de interés inaceptablemente altos. Los dólares que produjeron estos déficits fueron a parar a países que tenían superávits presupuestarios como China y Europa. El saldo positivo se depositó en otros bancos estadounidenses que a su vez prestaron tales recursos a las emergentes economías de América Latina y a países con abundante acceso a materias primas. Las tasas de ahorro y préstamo tomaron financiación a corto plazo para conceder hipotecas a largo plazo y otro tipo de préstamos similares, utilizando el diferencial positivo entre las tasas a corto plazo y las que tomaban prestando a largo plazo (aplicandolo a los que tomaban prestado), creando así una nueva fuente de ganancias. La inflación y su efecto en los mercados dieron pie a periodos de extrema tensión monetaria, a fuertes caídas en el mercado de valores y a ondas recesiones económicas.     A comienzos de la década de 1970, la mayoría de los estadounidenses no había experimentado un proceso inflacionario en toda su vida, de modo que ante las primeras señales no desconfiaron y permitieron que el encarecimiento de los precios se siguiese desarrollando. En cambio a finales de la década, la sociedad estaba traumatizada incluso suponía que el problema de la inflación nunca desaparecería . Al llegar la década de 1970, el PIB real rondaba el 2%, con una inflación que se situaba cerca del 14%, los tipos de interés a corto plazo alcanzaban el 13% y la tasa de desempleo rondaba el 6%. El oro se disparó y las materias primas mantuvieron el ritmo de la inflación bajando rentabilidades del 30 y el 15 por ciento respectivamente (cálculo en términos anualizados). La elevada inflación acabó con el modesto rendimiento nominal del 5% anual que arrojaban las acciones y con el 4% que ofrecían las letras del tesoro ligadas estás a la volatilidad de las acciones.

        El sistema posterior a Bretton Woods    

Después de la desvinculación del dólar y el oro en 1971, un nuevo sistema monetario fiduciario que no estaba anclado a ninguna forma de dinero fuerte, el valor del dólar se desplomó frente al oro, pero también en comparación con otras monedas, acciones y valores (de hecho con el tiempo se llegó a un punto en que el dólar se había devaluado casi frente a cualquier tipo de activo). El nuevo sistema monetario fue negociado por los principales responsables de la política económica de Estados Unidos, Alemania y Japón. Paul Volcker era el subsecretario de asuntos monetarios internacionales del gobierno de Richard Nixon cuando el presidente rompió el vínculo del dólar con el oro. Posteriormente fue director de la Reserva Federal entre 1979 y 1987. Volcker hizo más que nadie para moldear el nuevo sistema monetario. Él era una persona humilde de gran carácter, enormes capacidades e indudable influencia. Sin duda Volcker fue el clásico ejemplo del héroe/modelo en un mundo carente de referentes, sobre todo en el ámbito del servicio público. Creo que Volcker y su pensamiento merecen ser estudiados con más detalle.

Recuerdo muy bien la psicología inflacionaria de esa época, ésta llevó a muchos estadounidenses a pedir dinero prestado para seguir gastando y adelantarse a la inflación. También hubo una fiebre por comprar bienes escasos como el oro y las propiedades inmobiliarias ubicadas frente al mar. El pánico provocado, hizo que también subieran los tipos de interés y elevó el precio de oro de los $35 dólares por onza a los que se había fijado el cambio en 1944 y que oficialmente se mantuvo hasta 1971, hasta los $850 por onza que se alcanzaron en 1980.

Estos problemas alcanzaron su punto máximo a finales de la década de 1970 cuando 52 estadounidenses fueron secuestrados y tomados como rehenes en embajada de Estados Unidos en Teherán, en Irán. Una crisis que se prolongó durante 444 días. Los estadounidenses sintieron que su país se estaba desmoronando y muchos de ellos no fueron conscientes de lo malas que eran las condiciones económicas en los países comunistas.

La muerte de Mao Zedong en 1976, llevó al poder a Deng Xiaoping a una China que se tambaleaba económicamente y que enfrentaba una conflictividad interna cada vez más intensa. Las reformas de mercado introducidas por Deng indujeron a un cambio en las políticas económicas, que pasaron a aceptar elementos capitalistas como la propiedad privada de las empresas, el desarrollo de los mercados de deuda o la cotización de acciones, la aceptación de innovaciones tecnológicas y comerciales incluso el florecimiento de nuevos empresarios capitalistas que llegaron a ser multimillonarios, todo bajo el control del Partido Comunista Chino, Entonces ese cambio de liderazgo y de enfoque no fue percibido como un cambio de calado, pero la historia muestra que fue precisamente en esos años en que se sembraron las semillas del principal ascenso geopolítico de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI.

    En las elecciones de 1980 Jimmy Carter fue derrotado y Ronald Reagan que era percibido por el electorado como un conservador que impondría la disciplina necesaria, resultó elegido presidente. En la mayoría de los países líderes de aquel momento (reflejados en el G-7 estaba formado por Alemania, Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, lo que muestra cuán diferente era el equilibrio de poder mundial cuatro décadas con respecto a las cumbres celebradas hoy en día) se dieron movimientos análogos con el giro al conservadurismo y el intento de aplicar medidas más estrictas que pusiesen fin al caos inflacionario  al comienzo de su mandato al igual que hizo Margaret Thatcher en el Reino Unido, Reagan enfrentó importantes pugnas con los sindicatos.

La economía y la política viven oscilaciones entre la izquierda y la derecha que se desencadenan a medida que los excesos de uno y otro lado se vuelven intolerables y los recuerdos de los problemas asociados al otro lado se desvanecen. Es algo así como la moda: con el paso del tiempo el ancho de las corbatas y el largo de las faltas se alteran. Aunque un extremo goce de gran popularidad en determinado momento, uno debe esperar que con el paso de cierto tiempo habrá un giro comparable en la dirección opuesta, el endurecimiento de la política monetaria quebró la espalda de los deudores y redujo el endeudamiento lo que llevó a la economía mundial a su peor recesión desde la gran depresión. La Reserva Federal comenzó a recortar lentamente las tasas de interés pero los mercados siguieron cayendo. México acabó declarando el impago de su deuda en agosto de 1982 (curiosamente el mercado de valores estadounidenses reportó reaccionando de manera favorable).

        1990-2008:Globalización, digitalización y crecimiento apalancado    

    Debido a sus fracasos económicos, la Unión Soviética no podía permitirse sostener a) un imperio costoso, b) una economía en declive, y c) unas fuerzas armadas incapaces igualar el salto adelante qué propició Reagan al desatar la carrera armamentista.  Como resultado de estas tres dinámicas, la Unión Soviética se derrumbó en 1991. Resulta evidente que el comunismo había fracasado o estaba fracasando en todo el mundo y muchos países se alejaron de dicho sistema y el mundo entró poco a poco en un periodo muy próspero de globalización propio del capitalismo de libre mercado.     Desde entonces tres ciclos económicos nos han llevado a donde estamos hoy uno que alcanzó su punto máximo en la burbuja de los puntocom del año 2000 y que produjo una recesión. Y, otro que alcanzó su punto álgido en la burbuja de 2007, y que llevó a la crisis financiera mundial del 2008 y un tercero que alcanzó su pico en 2019 justo antes de la recesión provocada por el coronavirus en 2020. Además del declive de la Unión Soviética, este periodo también estuvo marcado por el auge de China, la profundización de la globalización y los avances tecnológicos que redujeron la necesidad de contratar mano de obra, lo cual es bueno para las ganancias empresariales pero amplia las brechas de riqueza y de oportunidades.

Los países y sus fronteras han perdido importancia, los bienes y los ingresos han pasado a producirse ahí donde es posible hacerlo de manera más rentable, lo que ha desplazado cadenas productivas hacia países emergentes. Se ha intensificado la movilidad de las personas entre países. Se ha reducido la brecha de riqueza entre los distintos países, pero al mismo tiempo ha crecido la desigualdad dentro de ellos. Los trabajadores de ingresos medios y bajos de los países desarrollados han salido perdiendo, mientras que los trabajadores de las economías emergentes más productivas han experimentado ganancias relativas. Aunque es un poco simplista podemos decir que     ha sido un periodo en que las máquinas y los trabajadores de otros países en especial China han empezado a relevar a la clase media de Estados Unidos y otras economías occidentales.


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