Estados Unidos y los Aliados


        Estados Unidos y los Aliados    

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    En Estados Unidos, después de 1929, los problemas de deuda acabaron arruinando a los bancos estadounidenses, de modo que redujeron su financiación y perjudicaron los a Los prestatarios internacionales.  Al mismo tiempo la depresión generó un debilitamiento de la demanda lo que provocó el colapso de las importaciones estadounidenses y golpeó las exportaciones de otros países a dicho mercado. A medida que los ingresos se debilitaron la demanda cayó y se produjeron más problemas crediticios. La espiral económica descendente se reforzó así misma con medidas proteccionistas para intentar salvaguardar los puestos de trabajo. Por ejemplo, elevó los aranceles mediante la aprobación de la ley Smooth-Hawley de 1930, pero esto solo deprimió aún más las condiciones económicas de otros países.

Cuando la situación económica es compleja a menudo se aumentan los aranceles para proteger a las empresas nacionales y para salvaguardar los niveles de empleo existentes pero esto conduce a una reducción de la eficiencia, porque la producción deja de articularse en forma, a los procesos más competitivos. En última instancia los aranceles contribuyen a una mayor debilidad económica mundial, ya que las guerras proteccionistas hacen que los países que imponen esas tarifas vean cómo se reducen sus exportaciones. Los aranceles en cambio benefician a las empresas y organizaciones protegidas por este tipo de medida y pueden generar apoyo político para aquellos líderes que imponen estas barreras comerciales.

La unión soviética aún no se había recuperado de su devastadora revolución y de la guerra civil de 1917-1922. Además, a esto hay que asumarle la guerra perdida ante Alemania, una guerra costosa con Polonia y las hambrunas de 1921 y 1928-1930.     No solo eso sino que toda la década de 1930 estuvo marcada por las dificultades económicas y además se sucedieron las purgas políticas.

Para empeorar las cosas a lo largo de la década de 1930 hubo sequías que afectaron negativamente a las economías de Estados Unidos y de la Unión Soviética.    Los fenómenos naturales adversos por ejemplo las sequías las inundaciones y las plagas suelen causar grandes dificultades económicas que cuando se suman a otras condiciones adversas conducen a periodos de intensa conflictividad.  A esto se suman políticas extremas que provocaron millones de muertes en la Unión Soviética. Al mismo tiempo, las luchas políticas internas y los miedos propios de la Alemania nazi impulsaron la purga de cientos de miles de personas que fueron acusadas de espionaje y fusiladas sin juicio.

        Las depresiones deflacionarias son crisis de deuda causadas por el hecho de que no hay suficiente dinero en manos de los deudores como para pagar las deudas que han contraído. Inevitablemente, estos procesos conducen a la impresión masiva de dinero, la reestructuraciones de deuda y los programas de gasto público que aumentan la oferta de dinero, reduciendo su valor y el crédito disponible. La única pregunta no es si los responsables políticos del país moverán ficha para aplicar políticas que avancen en esta dirección, sino cuando lo harán.    

    En el caso de Estados Unidos, pasaron tres años y medio desde el crack bursátil de octubre de 1929 hasta que el presidente de Roosevelt empezó a legislar al respecto en marzo de 1933. En los primeros 100 días de gobierno Roosevelt se crearon varios programas masivos de gasto gubernamental que fueron financiados con grandes aumentos de los impuestos y con fuertes déficits presupuestarios que fueron pagados con deuda que la Reserva Federal monetizó.  Se introdujeron programas de gasto público para el empleo, un nuevo seguro de desempleo, distintas ayudas financiadas por la seguridad social y otras medidas que contaban con el aval de los sindicatos.     En 1935 se aprobó el llamado “impuesto a los ricos” que llevó el tipo marginal máximo del impuesto sobre la renta hasta el 75% frente al 25% aplicado en 1930. En 1941, éste tipo era del 81%, mientras que la tasa impositiva de referencia para las empresas era del 31%, frente al 12% de 1930.  Roosevelt también impuso otras subidas de impuestos. A pesar de todos estos intentos y del repunte de la economía que contribuyó a aumentar los ingresos fiscales, los déficit presupuestarios se dispararon, pasaron de alrededor del 1% del PIB acerca del 4% del PIB debido a que los aumentos de gasto fueron mucho mayores.     Desde 1933 hasta finales de 1936 el mercado de valores se revalorizó más del 200% y la economía creció a una tasa real promedio vertiginosa de alrededor del 9%. Pero en 1936, la Reserva Federal restringió la oferta de dinero y de crédito para combatir la inflación y frenar una economía sobrecalentada, lo que provocó que la frágil economía estadounidense volviera a entrar en recesión y que las demás economías relevantes se debilitaran también, lo que aumentó aún más las tensiones internas y externas entre los distintos países.

Mientras tanto en Europa, el conflicto en España entre los políticos populistas de izquierda, (los comunistas) y los populistas de derecha (los fascistas) estalló hasta desencadenar la brutal Guerra Civil española. El derechista Franco, que recibió apoyo de Hitler, logró purgar a la oposición de izquierda en España.

Durante los periodos de graves dificultades económicas y grandes brechas de riqueza, normalmente se producen redistribuciones de riqueza de alcance casi revolucionario. Cuando se hacen de forma pacífica, se logran mediante grandes aumentos de impuestos a los ricos y fuertes repuntes de la oferta de dinero que devalúan el crédito asesorado por los deudores, mientras que cuando se hacen de manera violenta, se logra mediante la confiscación forzosa de activos. En Estados Unidos y en el Reino Unido hubo grandes redistribuciones de riqueza y de el poder político pero se mantuvieron el capitalismo y la democracia. No sucedió así en Alemania, Japón, Italia y España.

    Antes de que estalle una guerra militar se suele producirse primero una guerra económica.  Además de los conflictos de motivación económica que ocurren dentro de los países y además de los cambios políticos que surgieron como consecuencia, todos estos países se enfrentaron a un aumento de los conflictos económicos externos porque luchaban por controlar una porción más grande de un pastel económico menguante.

Antes de continuar con la descripción de la guerra, quiero profundizar en el análisis de las tácticas habituales que se utilizan cuando se debilitan las herramientas económicas y de capital en el pasado y en el presente esas tácticas son las siguientes:

  1.              Incautación/toma de activos:      Se trata de evitar que un enemigo rival utilice o venda activos extranjeros de los que depende para sus próximas decisiones. Tales medidas pueden variar. Por ejemplo, pueden implicar la congelación de activos controlados por grupos específicos (por ejemplo los actuales sanciones aplicadas por Estados Unidos a la Guardia Revolucionaria Iraní, medidas similares a las que fueron aplicadas contra Japón durante la segunda Guerra Mundial) o incluso el repudio unilateral de la deuda de la potencia rival y la incautación de sus activos (por ejemplo, algunos de los principales responsables políticos estadounidenses han planteado la posibilidad de no pagar las deudas contraídas con China).
  2.              Bloquear el acceso a los mercados de capitales:      Lo que se busca es impedir que un país acceda a los mercados de capitales propios o de un tercer país (por ejemplo, en 1887, Alemania prohibió la compra de acciones y deudas rusas para impedir el desarrollo militar de dicho país, algo que también se está barajando hoy en Estados Unidos para hacer frente a China).
  3.              Embargos/bloqueos:      Consiste en bloquear el comercio de bienes o servicios con dicho país o con terceros neutrales, con el fin de debilitar a la potencia rival, con el propósito de evitar que dicho mercado tenga acceso a artículos esenciales (por ejemplo el embargo de petróleo de Estados Unidos a Japón en la Segunda Guerra Mundial que también supuso el cierre del acceso de sus barcos al canal de Panamá) con el fin de bloquear las exportaciones del país objetivo a otros mercados, cortando así su fuente de ingreso (por ejemplo, el bloqueo de Francia al Reino Unido durante Las guerras napoleónicas).

        Arranca la Guerra    

En noviembre de 1937, Hitler se reunió en secreto con sus altos cargos para anunciarle sus planes de expansión orientados a obtener recursos y unir a la raza aria. A continuación, puso en acción tales planes, primero con la anexión de Austria y luego apoderarse de una parte lo que era entonces Checoslovaquia, un territorio que contenía importantes recursos petroleros. En el resto de Europa y Estados Unidos esos acontecimientos se siguieron con cautela, pero tras la reciente devastación causada por la Primera Guerra Mundial no había voluntad de entrar en otra guerra.

Como ocurre con todas las guerras había muchas más incógnitas que certidumbres, porque a) los poderes rivales entran en guerra solo cuando sus poderes son aproximadamente comparables (de lo contrario sería suicida que el poder más débil esté dispuesto a entrar en un enfrentamiento así) y b) Hay demasiadas incertidumbres sobre las acciones o reacciones que pueden desencadenarse. Al comienzo de una guerra abierta lo único que se sabe es que es muy probable que será extremadamente dolorosa y que es muy posible que también sea ruinosa para la economía. Por todo lo anterior Los líderes más inteligentes suelen entrar en estos conflictos solo cuando el otro lado los empuja a una posición de tener que elegir entre luchar o retroceder. Para los aliados ese momento llegó el primero de septiembre de 1939 cuando Alemania invadió Polonia. Alemania parecía imparable. En poco tiempo incorporó para su proyecto nuevas demarcaciones: Dinamarca, Noruega, los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Francia…

Además fortaleció sus alianzas con Japón e Italia, países que tenían enemigos comunes y que estaban ideológicamente alineados con Hitler. Al apoderarse de tanto territorio con tanta rapidez, el ejército de Hitler pudo conservar sus recursos petroleros y obtener nuevos con facilidad (caso de petróleo de Rumanía por ejemplo). La sed de recursos naturales y su adquisiciones siguieron siendo uno de los principales factores impulsores de las dinámicas militares de los nazis que empezaron impulsar sus campañas hacia Rusia y Oriente medio. La guerra con los soviéticos era inevitable: la única pregunta era cuándo ocurriría. Aunque Alemania y la Unión Soviética habían firmado un pacto de no agresión Alemania invadió Rusia en junio de 1941. Esto dejó a Alemania en una situación delicada, porque abrió una guerra extremadamente costosa en dos frentes distintos.

Mientras tanto, en el Pacífico, Japón expandió su ocupación en China, en 1937, tomando brutalmente el control de Shanghai y Nankin. Solo en la toma de esta segunda ciudad las tropas niponas mataron a unos 200,000 civiles o combatientes desarmados. Si bien Estados Unidos siguió practicando una política aislacionista, lo cierto es que para intentar contrarrestar a los japoneses proporcionó al gobierno de Chiang Kai-sheik aviones de combate y pilotos. Como resultado de esa decisión los conflictos entre Estados Unidos y Japón comenzaron a sucederse. Primero, un soldado japonés agredió al cónsul estadounidense John Moore Allison. Después los aviones de combate japoneses hundieron un helicóptero de combate estadounidense.

En noviembre de 1940 Roosevelt ganó la reelección después de hacer campaña con la propuesta de mantener Estados Unidos fuera de la guerra a pesar de que el país ya estaba tomando medidas económicas para proteger sus intereses, en especial en el Pacífico y brindando apoyo económico a los países con los que simpatizaba. En paralelo había tomado medidas y sanciones económicas contra las potencias a las que Washington quería perjudicar. A principios de 1940 se introdujeron agresivas sanciones económicas contra Japón, que culminaron con la Ley de Control de Exportaciones de 1940. A mediados de 1940 Estados Unidos trasladó la flota del Pacífico de Estados Unidos a Hawaii, en octubre de ese año, Estados Unidos intensificó el embargo restringiendo las ventas de hierro y acero. El plan era dejar a Japón sin recursos para forzar su retirada y repliegue progresivo.

En marzo de 1941 El congreso aprobó la Ley de Préstamo y Arriendo que permitía a Estados Unidos prestar o arrendar suministros de guerra a las naciones que considerase que actuaban de maneras “vitales para los objetivos de defensa de Estados Unidos”. Esto permitio prestar ese tipo de apoyo al Reino Unido, la Union Soviética y China.

        Política Económica durante la Segunda Guerra Mundial    

Así como vale la pena señalar cuáles son las tácticas propias de la guerra económica, también vale la pena señalar cuáles son las políticas económicas que se aplican tradicionalmente en el seno de los países que están en guerra.

Por lo general, el marco resultante introduce controles gubernamentales en prácticamente todos los ámbitos económicos puesto que la producción pasa de buscar la maximización del beneficio y el crecimiento, a proveer de recursos a la campaña bélica. El gobierno empieza a regular a) qué está permitido producir, b) qué artículos se pueden comprar y vender, y en qué cantidades (racionamiento) c) qué artículos se pueden importar y exportar d) los precios, salarios y ganancias, e) el derecho a disponer de los activos financieros de familias y empresas con y f) la capacidad de sacar dinero fuera del país. Debido a que Las guerras son caras, el gobierno tiene también a g) emitir una gran cantidad de deuda que se monetiza h) depender de formas de dinero no crediticio como el oro para las transacciones internacionales cuando su crédito ya no es aceptado y gobernar de manera autocrática j) imponer distintos tipos de sanciones económicas a los enemigos, hasta el punto de cortarles el acceso al capital y k) sufrir sanciones impuestas por los enemigos.

Cuando, después del ataque a Pearl Harbor, Estados Unidos entró en el conflicto bélico, tanto en Europa como en el Pacífico, las políticas económicas propias de tiempos de guerra estaban siendo implementadas en la mayoría de los países del mundo por parte de líderes cuyos enfoques más autocraticos gozaban de un amplio apoyo entre sus gobernados.

Tanto en las Potencias Aliadas: Estados Unidos y Reino Unido como en las potencias del Eje: Alemania y Japón hubo control económico como el racionamiento, el control de la producción, los controles de precios y salarios, las restricciones de importaciones y exportaciones y la toma de control del Banco Central.

Durante los años más duros de la guerra los movimientos de mercado se ven fuertemente afectados tanto por los controles gubernamentales de la economía y las finanzas como por el desempeño de los países en las batallas. A medida que cambian las probabilidades de victoria o derrota, las tendencias giran a mejor o peor.

También existen otras restricciones regulatorias en la economía que aplicaron las Potencias Aliadas y en las Potencias del Eje como el cierre de mercado, el control de precios de activos, el control de la propiedad de activos, el control de la moneda, el tipo marginal del impuesto sobre la renta, la limitación de las emisiones de deuda y la limitación de los beneficios empresariales.

Debido a qué por lo general perder una guerra conduce a la desaparición total de la riqueza y el poder del país en cuestión, los movimientos de los mercados de valores que permanecieron abiertos durante los años del enfrentamiento bélico se vieron impulsados, en gran medida por el desempeño de los países en las batallas clave, ya que esos resultados alteraban la probabilidad de victoria o derrota de cada bando. Por ejemplo, la bolsa Alemana arrojó los mejores resultados al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania se apoderó de territorios nuevos y estableció un dominio militar firme sobre buena parte de Europa, pero su rentabilidad fue a peor conforme los aliados fueron capaces de alterar el curso de los acontecimientos. Después de la batalla de Midway en 1942, las bolsas de los países aliados se recuperaron y avanzaron casi en forma continuada hasta llegar al final de la guerra, mientras que las acciones de las empresas de los países del Eje se mantuvieron estancadas o cayeron. Tanto el mercado de valores alemán y el japonés fueron cerrados al final de la guerra y no volvieron a abrir hasta 5 años después. Y de hecho cuando lo hicieron, los valores se desplomaron. En cambio la bolsa estadounidense se mantuvo extremadamente fuerte.

Proteger tu riqueza en tiempos de guerra es difícil, ya que las actividades económicas normales van a menos, las inversiones tradicionalmente seguros dejan de serlo, la movilidad del capital es limitada y los impuestos son muy altos. En ese contexto las personas y los países luchan por su supervivencia. Proteger la riqueza deja de ser una prioridad en relación con la necesidad de distribuirla y llevarlas a donde más se necesita. Por eso en esas circunstancias lo recomendable es deshacerse de cualquier tipo de deuda y comprar oro porque las guerras se financian a base de deuda e imprimiendo dinero (lo que devalúa la deuda y el dinero) y porque en tales momentos hay una reticencia comprensible a la hora de aceptar crédito.

        Conclusión    

El poderío de toda potencia global tiene fecha de caducidad. La singularidad de sus circunstancias y la naturaleza de su carácter y cultura, (ética de trabajo, inteligencia, disciplina, educación, etcétera) pueden alargar el tiempo del liderazgo, pero el declive termina llegando. Unos países decaen mejor que otros, de forma menos traumática, pero el cambio a peor es inevitable. Un hundimiento traumático puede provocar periodos que la historia ha demostrado que son muy obscuros, porque las luchas por la riqueza y el poder resultan extremadamente costosas, tanto en términos económicas como en lo referido a las vidas humanas perdidas.

    Sin embargo el ciclo no tiene por qué ocurrir de esta manera si los países que están en la etapa de riqueza y poder mantuvieron en pie modelos productivos, se aseguran de ganar más de lo que gastan, hacen que el sistema en vigor funcione de manera satisfactoria para la mayoría de la población y descubren nuevas formas de crear y mantener relaciones mutuamente beneficiosas con las demás potencias.  Hay imperios y dinastías que han mantenido en la cima por cientos de años. Estados Unidos, que acumula 245 años de ciclo alcista, ha demostrado ser una de las potencias más duraderas.

Por el momento esta explicación del Gran ciclo arquetípico y de los tres ciclos que lo componen es suficiente para que entiendas mejor los patrones de la historia y los aspectos que presagian en uno y otro sentido la evolución futura de los acontecimientos. Antes de profundizar más en mi análisis de la historia quiero explicarte cómo los tres grandes ciclos influyen en mi enfoque y mi toma de decisiones como inversor.


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