Etapa 6 Estallido de Guerras Civiles

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    Las guerras civiles ocurren cuando ya no es posible evitar de ninguna forma el enfrentamiento por lo que en lugar de asumir que algo así nunca sucederá en el futuro, como cree la mayoría de la gente en la mayoría de los países por el hecho de que hace mucho tiempo que no vemos algo así, es mejor desconfiar y estar alerta ante las señales que alertan que un proceso así puede estar más cerca de lo que parece.  En las páginas siguientes estudiaremos los indicadores y los patrones propios de las guerras civiles y las revoluciones que por lo general si son muy violentas y si derrocan el antiguo orden para sustituirlo por uno nuevo. Aunque hay innumerables ejemplos que podríamos haber examinado para entender mejor cómo funcionan esos procesos elegí los que creo son los más significativos y los recogí en la siguiente tabla para diferenciar si produjeron grandes cambios en el sistema/régimen o si las modificaciones resultantes fueron relativamente menores.

He clasificado estos episodios según sus consecuencias, por ejemplo: la guerra civil de Estados Unidos fue un conflicto armado realmente sangriento que no logró anular el sistema o el orden imperante por lo que lo he incluido en el segundo grupo en la parte inferior de la tabla mientras que los procesos guerras/civiles que sí derribaron el sistema/orden aparecen en la parte superior de la tabla. Por supuesto estas categorías son subjetivas y por tanto pueden parecer imprecisas. Pero insisto que más que lo milimétricamente preciso lo importante es ver la tendencia general, la mayoría de esos conflictos, aunque no todos, se produjeron de la forma arquetípica descrita en esta sección.

            

        Conflicto. País Inicio.    

Revuelta holandesa Países Bajos. 1566. Guerra civil Inglesa. Reino Unido. 1642. Revolución Americana. EE.UU. 1775. Revolución Francesa. Francia. 1789. Revolución Rusa. Rusia. 1917. Auge de Hitler. Alemania. 1929. Guerra civil española. España. 1936. Guerra civil China. China. 1945.

            

        Conflicto. País. Inicio.    

Rebelión Jacobita. Reino Unido. 1745. Revolución Nacional. Alemania. 1848. Guerra Civil Estadounidense EE.UU. 1861. Rebelión musulmana China. 1862. Comuna de París. Francia. 1871. Disturbios del 6 de Febrero Francia 1934.

    El ejemplo clásico de la guerra civil que rompió el sistema y construyó uno nuevo, es la revolución rusa de 1917, ese proceso puso en marcha el orden interno comunista que se extendió hasta la década de 1980  cuando entró en la etapa 5 e intentó sobrevivir haciendo cambios revolucionarios dentro del sistema bajo la política de la perestroika (o sea reestructuración) si bien esos intentos fracasaron y vinieron seguidos por el colapso del orden soviético entre 1989 y 1991. El sistema de orden interno comunista duró 74 años, desde 1917 hasta 1991. Tal orden fue reemplazado por el nuevo sistema que gobierna hoy Rusia, el cual después del colapso del antiguo orden, se ha construido partiendo de las formas clásicas descritas con anterioridad en este capítulo en mi comentario sobre las etapas 1 y 2.

    Es inevitable que se produzcan guerras civiles y revoluciones con las que se pretende cambiar radicalmente el orden interno de los países. Esos procesos abarcan reestructuraciones totales de la riqueza y el poder político, incluyendo aquí reestructuraciones completas de la deuda, las propiedades económicos financieras y la toma de decisiones políticas.  Esos cambios son la consecuencia natural de la necesidad de realizar grandes cambios que no se pueden lograr dentro de un viejo sistema existente, casi todos los sistemas llegan a este punto, porque todos los órdenes benefician a algunas clases a expensas de otras, lo que con el tiempo se torna intolerable hasta el punto de que se libra una lucha por determinar qué camino seguir.

Cuando las brechas de riqueza y de valores se vuelven más amplias y se produce un cambio a peor en las condiciones económicas que hace que el funcionamiento del sistema no sea satisfactorio para una parte importante de la población, cada vez hay más gente que luchará por cambiar el sistema.     Los que están sufriendo más en clave económica lucharán por obtener más riqueza y poder tomándolo de aquellos que tienen riqueza y poder y que se benefician del mantenimiento del orden existente.  Naturalmente los revolucionarios quieren cambiar de manera radical el sistema por eso están dispuestos a violar las leyes que se defienden e imponen desde el poder. Esos cambios revolucionarios suelen ocurrir violentamente a través de guerras civiles, aunque como se describió antes, pueden darse pacíficamente sin necesidad de derrocar al orden vigente.

    Los periodos de guerra suelen ser brutales  por lo general al principio de estas luchas vemos pugnas enérgicas. Pero a medida que las luchas y las emociones se intensifican, los bandos hacen cualquier cosa para ganar, de modo que los niveles de brutalidad se aceleran de tal manera que se alcanzan niveles de daño impensables cuando las cosas estaban aún en las dinámicas propias de la etapa 5. Las élites y los moderados intentan huir pero pueden caer capturados o morir asesinados. Las historias de Las guerras civiles y las revoluciones son del tipo que pone los pelos de punta, como me ocurrió tras estudiar la Guerra civil española, la Guerra civil China, la revolución Rusa o la revolución Francesa.

        Cómo ocurren Las guerras civiles y las revoluciones    

Cómo describí antes el ciclo de acumulación de riqueza y las crecientes brechas en torno a su distribución hacen que un porcentaje muy pequeño de la población controle un porcentaje excepcionalmente grande de la riqueza, lo que al final resulta en que a través de guerra civiles y revoluciones una mayoría pobre acaba derrocando a una minoría rica. Esto ha sucedido más veces de las que uno puede imaginar. Si bien la mayoría de Las guerras civiles y revoluciones arquetípicas desplazaron el poder de la derecha a la izquierda también conocemos otros procesos similares que han desplazado la riqueza y el poder en sentido inverso. Sin embargo, esas dinámicas han sido menos habituales. Por lo general ocurrieron cuando los órdenes existentes se deslizaron hasta convertirse en anarquías disfuncionales,     haciendo que un gran porcentaje de la población anhele un liderazgo fuerte, capaz de recuperar la disciplina y la productividad . Son ejemplos de estas revoluciones que supusieron el paso de la izquierda a la derecha, lo que ocurrió en Alemania, España, Japón e Italia durante la década de 1930, la caída de la unión soviética entre la década de 1980 y comienzos de la década de 1990.

Debido a que la prosperidad económica amplia es la razón principal por la que un régimen de Nueva creación tiene éxito y se asienta o fracasa y decae. Las tendencias a largo plazo muestran como estos     regímenes se cuidan de lograr que la distribución de la riqueza sea lo más amplia posible, mejorando las condiciones de vida de la persona promedio.  Este panorama general se puede perder con facilidad si uno olvida el Gran Ciclo y se refiere solamente a las situaciones concretas que se derivan de tales conflictos     normalmente las personas que lideran esta guerra civil/revolución y lo siguen haciendo, son dirigentes bien educados que provienen de la clase media.  Por ejemplo tres de los líderes revolucionarios clave en los años de la revolución Francesa fueron George-Jacques Danton (un abogado criado en una familia burguesa) Jean-Paul Marat (médico, científico y periodista criado también en una familia burguesa) y Maximilien Robespierre (abogado y estadista que igualmente provenía de una familia burguesa) al principio de la revolución fue apoyada por muchos aristócratas liberales, es el caso del Marqués de Lafayette y otras personas de familias relativamente acomodadas.

Del mismo modo los líderes de la revolución rusa fueron Vladimir Lenin que estudió derecho y León Trotsky (que se crió en una familia de intelectuales burgueses) otro ejemplo es la guerra Civil China que fue dirigida por Mao Tse-Tung (que provenía de una familia razonablemente acomodada y estudió derecho, economía y teoría política) junto a él estaba Zhou Enlai (que provenía de una familia de académicos y funcionarios de clase media).

    Estos líderes también eran y siguen siendo, carismáticos y capaces de liderar y de trabajar bien con otros para construir grandes coaliciones que consigan provocar las revoluciones.  Si uno quiere buscar los revolucionarios del futuro puede estar seguro de que los que tienen estas cualidades tienen más fácil el éxito, por lo general con el paso del tiempo pasan de ser intelectuales idealistas que desean cambiar el sistema para que sea más justo, a brutales revolucionarios empeñados en ganar el poder a toda costa. Si bien el ensanchamiento de las brechas de riqueza tiende a ser la mayor fuente de conflicto socioeconómico y político siempre hay otras razones que alimentan la crisis y el cuestionamiento del sistema.

    De hecho a menudo vemos que los frentes de unidad se rompen una vez que triunfa la revolución, porque la idea de unos y otros sobre el nuevo orden no es exactamente la misma, como tampoco hay acuerdo sobre el reparto del poder . Como expliqué con anterioridad durante la etapa del ciclo marcada por la guerra civil/revolución los gobiernos que ocupan el poder casi siempre lidian con una franca escasez de dinero, crédito y poder adquisitivo. Esa escasez crea el deseo de arrebatar recursos a quienes tienen más, lo que hace que esas personas trasladen su riqueza a lugares o activos seguros. Acción que empuja a los gobiernos a imponer controles de capital para frenar la salida de dinero (y otros activos, joyas, obras de arte, etcétera) a otras jurisdicciones. Para empeorar las cosas cuando hay desorden interno es más probable que los enemigos extranjeros desafíen a el país en cuestión.

Casi todas las guerras civiles han estado marcadas por la interferencia de algunas potencias extranjeras que participan para intentar influir en el resultado y conseguir que el saldo final del conflicto las beneficie. El punto en que arrancan las guerras civiles y las revoluciones no resulta tan evidente en un momento pero con el paso del tiempo resulta cada vez más obvio en qué punto se empezó a desarrollar el conflicto, lamentablemente esta información solo resulta evidente cuando uno está profundamente en medio de esos enfrentamientos.

    Los líderes más aptos para Las guerras civiles y las revoluciones son “los generales inspiradores”, personas que logran encarnar la fortaleza suficiente para conseguir apoyo social e imponerse en las batallas que tienen por delante.  La pugna propia de una guerra civil, que siempre es brutal, obliga a estos líderes a ser lo suficientemente brutales como para hacer todo lo que sea necesario para ganar.

Si bien Las guerras civiles y las revoluciones suelen ser extremadamente dolorosas, a menudo conducen a procesos de reestructuración que si se conducen bien, pueden sentar las bases para obtener mejores resultados en el futuro. En realidad el mundo que viene después de la guerra civil/revolución depende de cómo se gestionan los próximos pasos.

        Conclusión    

    Mi estudio de la historia me ha enseñado que nada es para siempre salvo la evolución, y dentro de esa evolución se dan ciclos que funcionan como mareas que suben y bajan y que son difíciles de cambiar o revertir.  Para manejar bien estos cambios es fundamental saber en qué etapa del Ciclo nos encontramos y a la postre es recomendable conocer los principios universales y atemporales que ayudan a entender mejor una u otra circunstancia. A medida que cambian las condiciones, cambian los enfoques que debemos adoptar para mejorar los resultados, es decir, dependiendo de las circunstancias. Lo mejor a lo que podemos aspirar es una u otra cosa y no lo olvidemos las circunstancias siempre cambian de modo que las mejoras que podamos conseguir también siempre están en proceso de modificación.     Por eso es un error creer que un sistema económico o político es mejor y se va a imponer para siempre, porque un sistema puede ser bueno bajo determinadas circunstancias pero si no se adapta a los cambios sociales, morirá. Es por eso que lo mejor que se puede hacer es reformar constantemente los sistemas, para adaptarlos bien a un mundo cambiante .

La prueba para saber si un sistema está funcionando bien no es sencilla, se trata de saber si está generando lo que la mayoría de la gente quiere cosa que podamos medir objetivamente y que de hecho es importante hacer para entender dónde estamos y a dónde vamos. Dicho esto, la lección que nos deja la historia con más fuerza y claridad     es que trenzar alianzas capaces de producir relaciones generadoras de beneficio mutuo que nos ayuden a crecer y a dividir bien el pastel, nos conduce a mayor felicidad y satisfacción social.  Lo que genera escenarios mucho más gratificantes, mucho menos dolorosos que la caída en desgracia de los regímenes que terminan desangrándose a través de guerras civiles que se libran para determinar cómo se reparte la riqueza y el poder, una lucha en la cual, si es necesario, nadie duda en aplastar al contrario de forma absoluta.


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