Alarga tu Esperanza de Vida Parte 7 La Era de la Informacion


        Alarga tu Esperanza de Vida Parte 7 La era de la informacion    

Tiempo de Lectura: 23 minutos de interesante lectura.

La mayoría de los médicos sigue confiando en la tecnología de principios del siglo XX para diagnosticar y tratar enfermedades mortales. Tomar una muestra y hacer un cultivo en una placa de Petri. Darle un golpecito en la rodilla y esperar el movimiento reflejo. Inspirar y espirar. Mirar a la izquierda y toser.

En lo referente al cáncer, los médicos localizan el lugar en donde crece el tumor y toman una muestra de tejido. Después la envían al laboratorio, donde la ponen en cera, la cortan en láminas muy delgadas, la colorean con tintes rojos y azules y la miran por el microscopio. Esto funciona, pero no siempre. A veces se recetan los fármacos adecuados.

Otras no. Y eso es porque, en mi opinión analizar un tumor de esta forma equivale a diagnosticar un motor de un coche sin conectarse a su ordenador. Es una suposición basada en el conocimiento y la experiencia. La mayoría aceptamos este tipo de enfoque cuando se trata de tomar una decisión de vida o muerte. Sin embargo, solo en Estados Unidos, que cuenta con uno de los mejores sistemas de salud del mundo     alrededor del cinco por ciento de los enfermos de cáncer, 86,500 personas reciben un diagnóstico erróneo todos los años.

Desde que se empezó a estudiar biología computacional a principios de los años ochenta del siglo pasado, la motivación de Mark Bobuski es hacer que la atención médica sea más rigurosa. Es una eminencia en el campo de la genómica y uno de los primeros científicos implicados en el Proyecto Genoma Humano. Lo que llámanos buena medicina es hacer lo que le funciona a la mayoría, me dijo, pero no todos somos iguales.     Así que existía la posibilidad de que a muchas personas se les esté diagnosticando mal rutinariamente y estén empeorando.  Pero Buboski cree que hay esperanza a la hora de practicar la medicina de otra manera. De una manera mejor. Una manera que se sirva de las nuevas tecnologías, muchas de las cuales ya están aquí pero no sé les saca provecho, y que concentre todos los recursos en los individuos, poniendo patas arriba siglos de cultura médica y filosófica.     Acuñó el término “medicina de precisión”, que describe la promesa de controles de salud de última generación, de secuenciar el genoma y de realizar analíticas basándose en los datos personales del paciente y no en los manuales de diagnóstico.

Gracias a la bajada de precios de la secuenciación del ADN, a los dispositivos ponibles, a los superordenadores y a la inteligencia artificial, nos estamos acercando a un mundo en que los tratamientos no tendrán que basarse en lo que le funciona a la mayoría casi siempre. Estas tecnologías ya están disponibles para muchos pacientes, cuyo número aumentará en las próximas décadas. Esto salvará millones de vidas y aumentará la media de la calidad en la calidad de vida, al margen del aumento en la longevidad.     Ahora podemos detectar la firma genética los diferentes tipos de cáncer, con esa información del paciente podremos aplicar mejores técnicas para lidiar con él . Incluso podremos diseñar un tratamiento para un cáncer concreto de un paciente, matarlo antes de que tenga la posibilidad de crecer o de extenderse a otra parte del cuerpo.     Esa es la idea que subyase a una del las innovaciones en la lucha contra el cáncer de la que ya hemos hablado, las terapias de células CAR T.Los médicos extraen los linfocitos T de la sangre del paciente y les añaden un gen que permite a esas células unirse a las proteínas del tumor de dicho paciente. Tras reproducirlas masivamente se introducen de nuevo en el cuerpo del paciente y los linfocitos T se ponen manos a la obra, persiguiendo las célula cancerosas y matandolas con las defensas del propio cuerpo.

Las terapias de celulas CAR T y la de los inhibidores de punto de control tienen menos de una década de antigüedad. Y ahora mismo se están estudiando cientos de tratamientos inmunológicos en los laboratorios. Los resultados hasta la fecha son prometedores y la remisión supera el 80 por ciento en algunos de esos estudios.     Los médicos que han pasado toda su carrera luchando contra el cáncer dicen que ésta es la revolución que estaban esperando.

La tecnología de secuenciación de ADN también nos permite entender la evolución de cada paciente. Podemos extraer células individuales de la biopsia de un tumor, leer todas las letras de su ADN y después analizar la arquitectura tridimensional de la cromátina de las células. Al hacerlo podemos ver la edad de las distintas partes del tumor. Vemos cómo ha crecido, como ha seguido mutando y como perdió su identidad con el paso del tiempo. Eso es importante porque si miramos solo una parte del tumor, una parte vieja, por ejemplo, podemos pasar por alto la parte más agresiva. Y si esto sucede, lo trataremos con una terapia menos efectiva.

    Después de hacer un diagnóstico basado en el ADN se pueden diseñar tratamientos específicos para el cáncer o cualquier padecimiento.  Hay esperanza para todos nosotros. Sabemos que el ser humano tanto mujeres como hombres, pueden vivir hasta los ciento quince años. Se ha logrado y se puede lograr de nuevo. Incluso para los que lleguen solo al siglo, los ochenta y los noventa pueden ser épocas estupendas.     Ayudar a más personas a alcanzar ese potencial se puede lograr si reducimos los costos y se usan tratamientos, terapias y tecnologías novedosas que garanticen que el individuo estará en el foco del propio cuidado.  Y no me refiero solo a diagnosticar una enfermedad cuando las cosas van mal; me refiero a conocer lo mejor para cada uno, como individuos, antes incluso de que nos hagan un diagnóstico.

        Conocete a ti mismo    

Desde el comienzo del muevo milenio, nos han dicho que “conocer nuestros genes” nos ayudará a entender que enfermedades somos suceptibles de padecer a lo largo de la vida y nos ofrecerá la información necesaria para tomar medidas que nos ayuden a vivir más. Eso es cierto, pero solo es una pequeña parte de la revolución en la secuenciación del ADN que se está produciendo. Hoy por hoy puedo leer un genoma humano completo de veinticinco mil genes en unos cuantos días por menos de cien dólares en un secuenciador de ADN del tamaño de una barrita de chocolate: se llama MinION y se conecta al teléfono celular. Con él obtengo una lectura bastante decente de un genoma humano, más las marcas de metilacion del ADN que nos dicen la edad biológica.     Se puede secuenciar el ADN para responder preguntas concretas como: Qué tipo de cáncer es este? O Qué infección tengo? En menos de 24 horas,  dentro de unos años se hará en minutos y lo más caro será la lanceta que utilices para pincharse el dedo.

Pero estás no son solo las preguntas que pueden responder nuestro ADN. También te puede decir que alimentos debes comer, que microbiota cultivar en tu intestino y en la piel y     que terapias te funcionarán mejor para asegurar que alcances tu máxima longevidad.  Además puede ayudarte a la hora de tratar tu cuerpo como la máquina singular que es.

Lo que demuestran estos estudios es que no podemos limitarnos al “así se hacen las cosas” como estrategia para tratar a los pacientes. Necesitamos desafiar constantemente los supuestos en los que se basan los manuales de medicina. Uno de los supuestos es que los hombres y las mujeres son esencialmente iguales.     Poco a poco vamos siendo concientes de una realidad vergonzosa: durante casi toda la historia de la medicina los tratamientos y las terapias se han basado en lo que funcionaba mejor para los hombres, mermando de esta forma los resultados favorables para las mujeres. Los hombres no solo se diferencian de las mujeres en unos cuantos lugares del genoma sino que tienen un cromosoma totalmente diferente .

La polarización empieza en una base muy temprana de los fármacos. Hasta hace poco era correcto estudiar solo ratones macho. Y no es que los investigadores sean machistas, es que tratan de reducir el ruido estadístico posible y reducir costos al máximo. Desde que se han incluído ratones hembra en los estudios para aumentar la longevidad, gracias sobretodo a las estipulaciones de los NIH, se han descubierto grandes diferencias en los efectos sobre los genes de la longevidad y las moléculas. Los tratamientos que trabajan con insulina o con marcadores de mTOR funcionan mejor con las hembras, mientras que las terapias químicas funcionan mejor con los machos y nadie sabe realmente porqué.     Si los machos y las hembras comparten entorno, las hembra suelen vivir más. Es algo común en el reino animal. Los científicos han comprobado si lo importante es el cromosoma X o el ovario.  Usando un truco genético crearon ratones con uno o dos cromosomas X, con ovarios o con testículos, aquellos con doble cromosoma X vivían más aunque tuvieran testículos y sobretodo si no los tenía, lo que demostró definitivamente que las hembras son el sexo más fuerte.     No se puede seguir recetando fármacos como si todos respondieramos igual a ellos cuando no es así.  Las empresas farmacéuticas se han dado cuenta de ese detalle y ahora empiezan a usar información genómica para encontrar nuevos medicamentos y revitalizar otros fallidos que funcionan en personas con variantes genéticos específicos. Este es el futuro.     Al final todos los medicamentos acabarán incluídos en una base de datos de efectos farmacogenicos enorme que seguirá aumentando cada vez más. No tarderemos mucho en pensar que recetar un medicamento sin conocer de antemano el genoma del paciente es un enfoque medieval.  Y vitalmente hablando, si nuestro médico cuenta con la ayuda de nuestra información genomica, no tendremos que esperar para saber que tratamientos funcionarán mejor a la hora de prevenir esas enfermedades antes siquiera que aparezcan.

Tal como lo ha señalado Julie Johnson directora del Programa Personalizado de Medicinas de la Universidad de Florida, estamos apunto de entrar en un mundo en que nuestro genoma se secuenciara, se almacenará y alertara de aquellos tratamientos que han demostrado tener efectos adversos en personas con genotipos y combinaciones similares a los nuestros. De la misma manera, nos recomendarán tratamientos que se sabe que han funcionado en personas con genes similares, aunque dichos tratamientos no funcionen para la mayoría de la gente.     Esto será muy importante en los países en vías de desarrollo dónde la genética local y la microbiota difieren muchísimo de las de la población en la que se probaron los medicamentos.

 También estamos aprendiendo a leer el proteoma humano completo, que es el conjunto de proteínas expresadas para cada uno de los tipos de célula. Los investigadores de varios laboratorios, entre ellos el mío, han descubierto cientos de nuevas proteínas en la sangre humana y cada una nos puede contar una historia sobre el tipo de célula del que procede. Una historia que podemos usar para entender que enfermedades que están en nuestro cuerpo antes de que sean detectables de cualquier otro modo.     Eso nos brindará una perspectiva más acertada y rápida del problema al que nos enfrentamos y les ofrecerá a los médicos la habilidad de atacar dichos problemas con mayor precisión.

 Ahora mismo, cuando la gente enferma, sobretodo los ancianos, suele esperar a que “las cosas se soluciones solas” antes de ir al médico. Solo vamos a la consulta si los síntomas persisten. Y después hay que esperar hasta que nos den cita. Casi un mes después, según un estudio realizado en 2017.     Ese tiempo de espera ha ido aumentando en los últimos años, porque se han sumado dos factores: hay menos médicos y la generación del baby boomer se ha jubilado. Y en otros lugares es mucho peor. En la ciudad donde yo vivo, Boston, el hogar de veinticuatro de los mejores hospitales del mundo, la espera es de cincuenta y dos días.  Eso es una atrocidad. La larga espera en sanidad no son algo que solo se produzca en Estados Unidos, que tiene un sistema sanitario privado. El sistema público de Canadá también adolece de largos tiempos de espera. El problema no es pagar o no por la atención sanitaria.     El problema es que los únicos que pueden diagnosticar son lo médicos y, con frecuencia, sobretodo en el caso de la atención primaria son los únicos que pueden enviar al paciente con el especialista.

Las largas listas de espera pueden despejarse pronto gracias a las videoconferencias. Dentro de diez años, con un aparatito del tamaño de un paquete de chicles seguramente desechable, podrás hacerte en casa los análisis que necesita el médico y después tras conectar el aparatito al ordenador, podrás echarles un vistazo a tus metabolitos y a tus genes.

Solo en Estados Unidos hay más de cien empresas trabajando en conseguir analizar el ADN de forma muy específica y casi instantánea, lo que nos ayudará a tener diagnósticos rápidos y certeros de un gran número de dolencias e incluso calcular nuestra edad biológica. Unas cuantas se dedican en exclusiva en detectar la firma genética del cáncer y de otras enfermedades años antes de que puedan detectarse. Pronto no tendremos que esperar a que los tumores crezcan y esperar de forma tan heterogénea que se expandan por todo el cuerpo y sean incontrolables.

    Con un sencillo análisis de sangre, los médicos podrán buscar (ADN libreADNlc) y diagnosticar tipos de cáncer que sería imposible encontrar sin ayuda de algoritmos muy complejos, optimizarlos mediante procesos de aprendizaje automático basados en el análisis de muestras de pacientes.  Estás pistas genéticas que circulan por la sangre nos dirán no solo si padeces cáncer, sino también de que tipo es y como matarlo. Incluso nos dirán en qué parte del cuerpo está creciendo un tumor que de otra manera sería indetectable, ya que la firma genética (y epigenética) de los tumores en una parte del cuerpo puede ser muy distinta de los tumores que crecen en otras partes.

    Todo esto significa que van a producirse un cambio fundamental en la forma en la que buscamos, diagnosticamos y tratamos las enfermedades. Nuestro enfoque defectuoso basado en la sintomatología, está a punto de cambiar. Vamos a adelantarnos a los síntomas.  Mucho. Vamos a adelantarnos incluso al momento de “sentirnos mal”. Al fin y al cabo, muchas enfermedades son genéticamente detectables antes de que sean sintomáticas.     En un futuro muy cercano, los análisis personales proactivos de ADN serán rutinarios, como cepillarnos los dientes . Los médicos descubrirán que cada vez es menos frecuente decir “ojalá lo hubiéramos detectado antes”, hasta que dejen de decirlo por completo. Pero la próxima era de la genómica es solo el comienzo.

        Por El Buen Camino    

Ya hemos dado pasos importantes para adentrarnos en la era de los biosensores personales. Hay relojes que controlan nuestro ritmo cardíaco, que miden nuestro ciclo de sueño que incluso nos ofrecen sugerencias sobre alimentación y actividad física.     Los deportistas y las personas que se preocupan por su salud llevan sensores las 24 horas del día para controlar sus signos vitales, en constante respuesta a la dieta, el estrés, el entrenamiento y la competición.

En 2017, la FDA aprobó un sensor de glucosa que salió al mercado en Europa en 2014. Te lo pegas a la piel y obtienes una lectura constante de los niveles de azúcar en el teléfono o en el reloj. Ya hay treinta países en los que el pinchazo en el dedo para díabeticos se ha convertido en un recuerdo cada vez más lejano.

Rhonda Patric, una científica de la longevidad convertida en experta en salud y bienestar físico, ha estado usando un aparato que mide de forma constante los niveles de glucosa en la sangre para comprobar que alimentos le provocan una subida repentina, algo que muchos de nosotros creemos que hay que evitar si queremos contar con la oportunidad de disfrutar una vida larga. Ha comprobado que, al menos en su caso, el arroz blanco es malo y que las papas no lo son tanto. Cuando pregunté que alimentos que más le han sorprendido, no dudó ni un segundo: Las uvas! Exclamó, evita las uvas. Los investigadores del MIT están trabajando con escáneres que parecen sacados de  Star Trek, capaces de ofrecernos lecturas de miles de biomarcadores. Entretanto, algunos investigadores de la Universudad de Cincinnati han estado trabajando con el ejército estadounidense para desarrollar sensores que identifiquen enfermedades infecciosas o inflamaciones, cambios en la dieta, heridas y estrés a través del sudor.

Sospecho que al final poca gente querrá vivir sin ese tipo de tecnología. No saldremos de casa sin ella, de la misma manera que nos pasa ahora con los teléfonos inteligentes. Lo siguiente serán parches inocuos que nos pondremos en la piel y que al final darán paso a implantes subcutáneos.     Las futuras generaciones de sensores medirán no solo los niveles de glucosa sino también todos los signos vitales de una persona, los niveles de oxígeno en sangre, el equilibrio vitamínico y miles de substancias químicas y hormonas.

Sumadas las tecnologías que combinan datos de tus movimientos cotidianos e incluso de tu tono de voz, las constantes biométricos serán el sistema de alerta de tu cuerpo. Si eres hombre y últimamente te pasas mucho tiempo en el cuarto de baño, tu guardian de inteligencia artificial buscará antígenos prostáticos específicos y ADN prostático en tu sangre y después te pedirá cita con el urólogo. Los cambios en los movimientos de tus manos mientras hablas, incluso si cambias a la hora de pulsar las teclas del teclado, se usarán para diagnosticar enfermedades neurodegenerativas años antes de que tú o tu médico noten los síntomas.

Las decisiones más importantes que afectan a nuestros años de vida están relacionadas con lo que comemos. Si tienes la glucosa alta a la hora del desayuno, sabrás que debes evitar el azúcar . Si estás bajo en hierro a la hora del almuerzo, lo sabrás y pedirás una ensalada de espinacas para compensar. Cuando llegues a casa del trabajo, si no has tenido tu dosis diaria de vitamina D, también lo sabrás y podrás prepararte un batido para corregir esa deficiencia. Si estás de viaje y necesitas una vitamina o un mineral concreto, sabrás no solo que lo necesitas, sino también dónde conseguirlo. Tu asistente personal virtual, ese ser de inteligencia artificial que realiza en internet las búsquedas que le solicitas y que te recuerda la siguiente reunión, te indicará el restaurante más cercano que ofrezca lo que necesitas o te sugerirá que un dron te lo lleve hasta donde estés. Te caerá del cielo literamente.

La biométrica y la analítica ya nos dicen cuando y cuanto ejercicio debemos de hacer, pero también nos ayudarán a monitorear los efectos de dicho ejercicio…o de su falta. Y nuestros niveles de estrés. Y también nos dirá de qué manera afecta lo que bebemos y el aire que respiramos a la química y funcionalidad de nuestro cuerpo. Poco a poco nuestro dispositivos, nos ofrecerán recomendaciones sobre que hacer para mitigar un nivel bajo de biomarcadores en sangre: dar un paseo, meditar, bebernos un té verde o cambiar el filtro del aire acondicionado. Esto nos ayudará a tomar mejores decisiones sobre nuestro cuerpo y estilo de vida.

Y, de paso, estoy creando una base de datos específica para mi cuerpo. Con el tiempo, estos datos me ayudarán a identificar tendencias negativas y positivas que pueden determinar diferencias sutiles con las de otras personas.

La biomonitarizacion nos ayudará a acabar con las muertes traumáticas evitables que se cuentan por millones. En 2018 se publicó un estudio revisado por expertos llevados a cabo por el equipo de Inside Trader y por mi, donde demostramos que la biomonitorizacion y la recomendación de alimentos generada por ordenador reducen los niveles de glucosa en sangre de forma tan eficiente como los medicamentos más habituales para la diabetes, al mismo tiempo que optimizan otros biomarcadores de salud.

Las señales de una obstrucción en la carotida tal vez sean difíciles de detectar en nuestro día a día, o incluso en las revisiones médicas habituales, pero será imposible pasarla por alto cuando nuestro cuerpo esté controlado en todo momento. Lo mismo se puede decir de las arritmias, los accidentes cerebrovasculares menores o las trombosis que suceden durante el traslado aéreo médico, y de muchos otros problemas médicos que hoy en día solo se tratan en condiciones críticas: cuando es demasiado tarde. Antes si sospechas que no te funcionaba bien el corazón o aunque no lo sospecharas, necesitabas un par de visitas a un par de médicos para que te hicieran un electrocardiograma.     Hoy millones de personas pueden hacerse su propio electrocardiograma en 30 segundos, estén dónde estén, simplemente presionando la pantalla del bioreloj con el dedo.  Claro está, uso el término “bioreloj” ampliamente, ya que los dispositivos de hoy no solo nos dan la hora y la fecha:    Si un dispositivo puede hacer todo eso, no hay motivo alguno para que puedan ayudarnos también a evitar problemas de salud traumáticos.

En el futuro si estás sufriendo un infarto, aunque sea perceptible tan solo por un leve dolor del brazo o un mini accidente cerebrovascular, que normalmente no se diagnóstica hasta identificarlo años más tarde en un escáner cerebral, recibirás un aviso y también lo recibirán aquellos que te rodean y que necesitan saberlo.     En una emergencia, un vecino de confianza, tu mejor amigo o el médico más cercano a tu ubicación también recibirá un aviso. Te enviaran un ambulancia a la puerta de tu casa y los médicos del hospital más cercano sabrán exactamente qué te pasa antes de que llegues.

Conoces a algún médico de emergencias? Pregúntale cuán importante es tan solo un minuto para aplicar el tratamiento necesario. O la información adicional que reciben con un simple análisis de sangre. O un electrocardiograma recién hecho. O un paciente que sigue consciente, sin dolor y sin que su cerebro haya sufrido una falta de oxígeno cuando llega; siendo una persona capaz de ayudar a la hora de aplicar el tratamiento de emergencia adecuado.     Tal vez no tardemos mucho en ver a los médicos pidiéndote una copia de tus datos biomonitorizados más recientes para así contar con más ayuda a la hora de tomar decisiones que pueden ser de vida o muerte.  La biomonitorizacion nos está ayudando ya a identificar enfermedades más rápido que nunca.     No solo te avisará si tienes un ritmo cardíaco alto, si estás bajo de vitaminas o si tus niveles de cortisol están por las nubes, sino que también te avisará que tu cuerpo está sufriendo un ataque. Y eso puede salvar muchas vidas en éste planeta.

        Listos para lo peor    

En 1918 una pandemia de gripe, que algunos historiadores creen que se inició en los Estados Unidos, mató a más personas que cualquier otra pandemia ocurrida en la historia de la humanidad. Se recuperó después, pero ya habían muerto más de cien millones de personas de todas las edades en todo el mundo.

Esto podría pasar otra vez . Y dado que hoy en día hay mucho más contacto entre los animales y los humanos y que el mundo está más interconectado que hace cien años, podría suceder con suma facilidad.     El calentamiento global es un problema crítico y que a largo plazo debemos solucionar, pero también debemos admitir que, hoy por hoy, las infecciones son nuestra gran amenaza.

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Garantizar que jamás haya otra pandemia podría ser el gran regalo de la revolución de la biomonitorizacion. Por supuesto, de forma individual, la monitorización de las constantes vitales y de otros parámetros nos ofrece beneficios increíbles a la hora de optimizar nuestra salud y de prevenir situaciones de emergencia.     Pero como colectivo podría ayudarnos a adelantarnos a una pandemia global.  Gracias a los dispositivos portátiles, ya tenemos tecnología para monitorear temperatura, pulso y otros parámetros biométricos de más de cien millones de personas en tiempo real. Lo único que nos falta para hacerlo es reconocerlo como una necesidad y una respuesta cultural.

Mientras nuestra red de transporte se extiende y aumenta la velocidad; mientras las personas viajan a los rincones más remotos del planeta más rápido de lo que pudieran haber imaginado nuestros antepasados, patógenos de todo tipo se mueven a la vez y más rápido que nunca.     Pero con los datos adecuados en las manos adecuadas, nosotros podemos movernos más rápido que nunca. Si cruzamos los datos almacenados en la “bionube” con la secuenciación casi inmediata del ADN para detectar patógenos a medida que se extienden por las ciudades y los corredores de transporte. Al hacerlo, podemos adelantarnos a los patógenos mortales restringiendo el flujo de viajeros de emergencia y usando recursos médicos. En esa lucha, el tiempo es oro y cada segundo que pasa cobra vidas humanas.

Para conseguir un mundo en el que cientos de millones de personas (todas minitorizadas en tiempo real para saber sus niveles hormonales, sus elementos químicos, su temperatura corporal y su ritmo cardíaco) sirvan de centinelas para alertarnos de una crisis de salud pública en cuanto comienza alguien tiene que regular los datos. Seguramente será una combinación de esas empresas o gobiernos, todas bajo un mismo techo.

        La consolidación ya ha comenzado y seguirá su curso mientras esas empresas ponen las miras en el sector de la economía global que más rápido está creciendo: el cuidado de la salud, que ahora mismo supone el 10 por ciento del PIB mundial y que aumenta a un ritmo de 4.1 por ciento anual.    

        Muevete Rapido    

Necesitamos con desesperación aplicar las tecnologías del siglo XXI al diagnóstico de enfermedades infecciosas. En Cambridge Massachusetts, y en Menlo Park, California, he ayudado a reunir un grupo de personas muy listas (médicos especialistas en enfermedades infecciosas, microbiologos, genetistas, matemáticos e ingenieros informáticos)     a fin de analizar pruebas de análisis rápidas y totalmente fiables que les digan a los médicos de que infección se trata y cuál es la mejor forma de acabar con ella, usando la “secuenciación masiva paralela”.  Esa lista se compara después con la base de datos de todos los patógenos humanos conocidos a nivel de cepa. El ordenador saca un informe muy detallado sobre los invasores presentes y la mejor forma de aniquilarlos. Los análisis son tan precisos como los normales, pero ofrecen información a nivel de cepa.     En otras palabras dentro de poco los médicos no tendrán que suponer que están buscando. Cuándo pidan un análisis o decidan que tratamiento funcionará mejor; lo sabrán con certeza.  Pero hay otra manera de lidiar con estás enfermedades:     prevenirlas.

        La Era de la Inoculación    

Racionalmente el impacto positivo de las vacunas en la esperanza de vida y en la salud en el último siglo es incuestionable. La tasa de mortalidad infantil mundial se ha desplomado y en gran parte es porque hemos erradicado enfermedades como la viruela. El número de niños sanos en el mundo ha aumentado porque hemos acabado con la polio. El número de adultos sanos ha aumentado también. Dentro de cincuenta años el síndrome postpolio consistente en fatiga, debilidad muscular, curvatura espinal anómala y defectos en el habla en adultos ya no existirá. Y cuánto mayor sea el número de enfermedades contra las cuales podamos vacunar sobre todo si se trata de aquellas que se llevan la vida de los ancianos como la neumonía o la gripe, mayor será el aumento en la esperanza de vida en los próximos años.

Los gobiernos no hacen vacunas, las hacen las empresas, así que cuando las fuerzas del mercado son desfavorables, no conseguimos los medicamentos que tanto necesitamos. A veces la financiación corre a cargo de donaciones, pero eso no sucede con frecuencia. Y las crisis económicas como la del 2000 y la del 2010, dejaron a las fundaciones, muchas de las cuales basan sus donaciones en los beneficios obtenidos por las ganancias del mercado, incapaces de invertir mucho en esas investigaciones que pueden salvar vidas.

        Las buenas noticias es que estamos experimentando un minirenacimiento en la investigación y desarrollo de vacunas, que se han triplicado entre 2005 y 2015, y ahora suponen un cuarto de todos los productos biotecnológicos en desarrollo.    

En este momento, los investigadores están en la recta final de una larga carrera hacia el desarrollo de vacunas que nos inoculen con enfermedades tan frecuentes que las aceptemos como algo que toma parte de la vida misma. Muchos expertos predicen, no sin cierto temor, que dejemos de lanzar vacunas y cruzar los dedos, como sucede con la vacuna anual de la gripe, que algunos años solo protege a un tercio de los vacunados, pero eso es mejor que nada. (Si no te vacunas de la gripe y no vacunas a tus hijos, por favor hazlo. Tenemos el privilegio de vivir en una época en la que podemos protegernos y proteger a nuestros niños de enfermedades potencialmente mortales).

        La habilidad de detectar, diagnosticar y tratar con rapidez, incluso de prevenir enfermedades que no están relacionadas con el envejecimiento, pero que se cobran todos los años millones de vidas, nos permitirá avanzar con el objetivo de aumentar cada vez más la esperanza de vida para acercarnos todo lo posible al máximo.    

        El Organillo    

El mismo tipo de reprogramación celular que utilizamos para restaurar el nervio óptico y la vista tal vez nos resulte útil para restaurar la función de algunos órganos dañados. Pero, que podemos hacer para los órganos que han dejado de funcionar por completo o que necesitan extirparse a causa de un tumor? Ahora mismo solo hay una forma efectiva de reemplazar un órgano dañado o muerto. Es una verdad morbosa, pero no por ello menos cierta:     cuando alguien reza para encontrar rápido un órgano para un ser querido, está rezando en parte para que alguien sufra un accidente de tráfico mortal.

Solo en Estados Unidos mueren más treinta y cinco mil personas en accidentes de tráfico anuales, lo que convierte a esta forma de muerte en una de las fuentes más fiables de tejidos y órganos. Si todavía no eres donante te pido que te lo pienses. Entre 1988 y 2006 el número que esperaba un transplante se multiplicó por seis. Mientras escribo ésta frase hay 114,271 personas en los Estados Unidos registradas a la espera de un trasplante de órganos, lista que aumenta cada diez minutos.

Está no será la única forma de que consigamos órganos en el futuro. Desde que los investigadores descubrieron a principios de siglo que podían modificar las impresoras de inyección de tinta para crear impresiones de células vivas en 3D, todos los científicos del planeta han estado trabajando para alcanzar el objetivo de imprimir tejido vivo. Hoy en día se han implantado ovarios impresos en 3D en ratonas y arterias en monos. Otros están trabajando en imprimir tejido óseo para curar fracturas. Y posiblemente empiece a utilizarse piel impresa para injertos en unos años. Poco después vendrán los hígados y riñones y los corazones, que son un poco más complicados, y tardarán algo más en aparecer.

Dentro de nada no importará que se agote la morbosa fuente primordial de órganos para el trasplante humano. De todas formas, esa fuente nunca ha logrado satisfacer la demanda. En el futuro,     cuando necesitemos alguna parte del cuerpo, podremos imprimirla, tal vez utilizando nuestras propias células madre, que se extraerian y se almacenarán con ese fin. O incluso utilizando células reprogramadas sacadas de la sangre o de una muestra de la boca. Y como no habría competencia para dichos organos, no tendremos que esperar a que alguien sufra una desdicha; solo tendremos que esperar a que la impresora haga su trabajo.

        Imagina    

Las barreras caen y seguirán cayendo. Dentro de una generación más, nos resultará normal ver a estrellas de cine de sesenta y setenta y cinco años montando un moto a gran velocidad o practicando kong-fu como si tal cosa.     Porque los sesenta serán los nuevos cuarenta y así sucesivamente.      Cuándo pasará todo esto? Ya está pasando. No es una fantasía decir que si estás leyendo estas palabras, vas a beneficiarte de ésta revolución. Parecerás más joven, te comportaras como si fueras más joven y serás más joven; física y mentalmente. Vivirás más y esos años extra serán mejores.  Cuando unimos todas estas tecnologías, aparece una autopista que nos llevará a conseguir varías décadas más de vida sana. Cada nuevo descubrimiento aumenta el potencial. Cada minuto ahorrado en la búsqueda de una secuencia genética más rápida y precisa puede ayudar a salvar vidas.     Aunque el número de años que vivamos no aumente mucho, esta era de la innovación nos asegurará que sigamos estando sanos muchos años más.  No muchos de nosotros la mayoría de las veces, sino todos.

        Comentarios    

Después de hacer un diagnóstico basado en el ADN se pueden diseñar tratamientos específicos para el cáncer o cualquier padecimiento. Ya se puede secuenciar el ADN en menos de 24 horas para responder preguntas como, qué tipo de cáncer es éste? o qué tipo de infección es esta?. Conocer nuestro ADN, te puede decir que alimentos debes comer, que microbiota cultivar en tu intestino y en la piel que terapias utilizar para alcanzar tu máxima longevidad.

Al final en el futuro todos los medicamentos acabarán incluidos en una base de datos de efectos farmacogenicos enorme que seguirá aumentando cada vez más. No tardaremos mucho en pensar que recetar un medicamento sin conocer el genoma del paciente será un enfoque anticuado y riesgoso. En el futuro, con un sencillo análisis de sangre, los médicos podrán buscar (ADNlinteADNlc) y diagnosticar tipos de cáncer qué sería imposible de encontrar sin ayuda de algoritmos muy complejos, optimizar los mediante procesos de aprendizaje automático, basándose en el analisis de muestras de pacientes. En el futuro cercano, los análisis personales proactivos de ADN serán rutinarios, como lavarnos los dientes. Actualmente los deportistas y las personas preocupadas por su salud utilizan dispositivos ponibles sensoriales las 24 horas del día, para conocer sus signos vitales, en constante respuesta al estrés, al entrenamiento y la competición.

Si un dispositivo puede hacer todo esto, no hay razón por lo que no pueda ayudarnos a evitar problemas de salud traumáticos. Tal vez no tarde mucho en que los médicos te estén pidiéndote una copia de tus datos biomonitorizados más reciente para así contar con más ayuda a la hora de tomar desiciones, que pueden se de vida o de muerte.

Después de haber caído en picada la investigación en vacunas a finales del siglo pasado ahora estamos experimentando un minirenacimiento en la investigación y desarrollo de vacunas la cual se ha triplicado entre 2005 y 2015 y ahora suponen un cuarto de todos los productos biotecnológicos en desarrollo.

En el futuro cuando necesitemos alguna parte de nuestro cuerpo, tal vez utilizando nuestras propias células madre, que se extraerian y se almacenarán para ese fin o incluso utilizando células reprogramadas sacadas de la sangre o una muestras de la boca, no tendremos que esperar que alguien sufre una desdicha, solo tendremos que esperar a que la impresora haga su trabajo e imprima el miembro requerido en 3D. A partir de ahí los sesenta serán los nuevos cuarenta y los cuarenta los nuevos treinta y así sucesivamente. Cuándo pasará esto? Ya está pasando. No es una fantasía. Si estás leyendo estas palabras vas a beneficiarte de ésta revolución, parecerás más joven, te comportaras como si fueras más joven, serás más joven mental y físicamente. Vivirás más y esos años extra serán mejores. Aunque el número de años que vivamos no aumente mucho, ésta era de la innovación nos asegurará, que sigamos estando sanos muchos años más.


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