Como Evitar un Desastre Climatico 11. Epilogo, Covid y Cambio Climatico

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La Pandemia sigue matando pese a las grandes campañas de vacunacion.

He concluido esta reseña del libro hacia el final del año más turbulento de la historia reciente. Escribo este epílogo en junio de 2022 cuando la covid-19 ha matado a más de 6.3 millones de personas en todo el mundo y hemos entrado en otra ola de contagios y muertes. La pandemia ha cambiado nuestra manera de trabajar, vivir y relacionarnos.

Por otro lado, 2020 nos ha traído nuevos motivos de esperanza respecto al cambio climático. Tras la elección de Joe Biden como presidente, Estados Unidos está preparado para recuperar el liderazgo en ese campo. China se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono antes de concluiir 2060. En 2021 la ONU celebró una importante cumbre sobre el cambio climático en Escocia. Nada de esto garantiza que obtengamos progresos, por supuesto, pero abre numerosas oportunidades.

He dedicado buena parte de mi tiempo de 2021 a conversar con líderes de todo el mundo sobre el cambio climático y la covid-19. Defenderé ante aquellos de que muchas de las lecciones que nos enseña la pandemia así como los valores y principios en los que se fundamenta nuestra lucha contra ella, son también aplicables al problema del clima.

A riesgo de repetir lo ya expuesto en otros capítulos resumiré dichas lecciones en estas páginas.

En primer lugar necesitamos colaboración internacional, la frase que tenemos que trabajar hombro con hombro parece un tópico pero es cierta. Cuando gobiernos e investigadores y empresas farmacéuticas han trabajado hombro con hombro contra la covid-19 el mundo ha realizado avances extraordinarios. Como por ejemplo el desarrollo y ensayo de vacunas en un tiempo récord. En cambio cuando hemos demonizado otros países y nos hemos negado a aceptar que las mascarillas y la distancia social frenan la propagación del virus, en vez de aprender los unos de otros hemos agravado la situación.

Lo mismo ocurre con el cambio climático. Si los países ricos solo se preocupan de reducir sus propias emisiones, sin tener en cuenta que las tecnologías limpias deben ser viables para todos, nunca llegaremos al cero. En este sentido ayudar a los demás no solo es un acto de altruismo, sino también algo que nos conviene. Tenemos motivos para lograr la meta del cero y ayudar a otros a alcanzarla. La temperatura no dejara de subir en Texas, a menos que las emisiones dejen de aumentar en India.

En segundo lugar debemos permitir que la ciencia o para ser más precisos, muchas ciencias distintas, nos iluminen el camino.

En el caso del nuevo coronavirus, nos han servido de guía la biología, la virología y la farmacología así como las ciencias políticas y la economía, pues al fin y al cabo decidir cómo distribuir las vacunas es un acto eminentemente político. Del mismo modo que la epidemiología nos señala los riesgos de la covid-19 pero no como combatirla, la climatología nos indica por qué debemos cambiar de rumbo, pero no cómo hacerlo. Para ello, debemos recurrir a la ingeniería, la física, las ciencias ambientales, la economía y otras disciplinas.

En tercer lugar las soluciones deben cubrir las necesidades de los más perjudicados. Con la covid-19 las personas que más han sufrido son las que no tienen la opción trabajar desde casa o de tomarse días libres para cuidarse a sí mismas o a sus seres queridos. En su mayoría se trata de personas no blancas y de bajos recursos.

El nuevo coronavirus ha malogrado décadas de progreso en la lucha contra la pobreza y la enfermedad. Para lidiar con la pandemia, los gobiernos han desviado recursos humanos y económicos de otras prioridades, como los programas de vacunación. Según un estudio del Instituto de Métricas y Evaluación de Salud, en 2020 las tasas de vacunación han descendido a su nivel más bajo desde la década de 1990. Hemos retrocedido 25 años en unas 25 semanas.

Los países prósperos que ya realizan cuantiosas donaciones en beneficio de la salud mundial tendrán que ser aún más generosos para compensar esta pérdida. Cuánto más inviertan en el fortalecimiento de los sistemas sanitarios del planeta mejor preparados estaremos para la siguiente pandemia.

Del mismo modo debemos planificar una transición justa a un futuro con cero emisiones como argumentaba en un capítulo anterior, los habitantes de las zonas desfavorecidas necesitan ayuda para adaptarse a un mundo más caluroso. Y los países privilegiados deben ser conscientes de que la transición energética ocasionará perjuicios a las comunidades cuya economía se basa en los sistemas de energía: los lugares donde la principal industria es la minería del carbón o aquellos en los que se elabora cemento, se funde acero o se fabrican coches. Además mucha gente ocupa empleos vinculados de forma indirecta, cuando haya menos carbón y combustible que transportar habrá menos trabajo para camioneros y ferroviarios. Una porción significativa de la economía de la clase trabajadora se verá afectada, por lo que es imperativo poner en marcha un plan de transición para dichas comunidades.

En 2020 el mundo sufrió un golpe trágico y demoledor. Sin embargo soy optimista respecto a nuestras posibilidades de controlar el virus en 2022. También creo que lograremos avances importantes en el terreno del cambio climático, pues el mundo está más comprometido que nunca a resolver este problema.

Cuando la economía mundial entró en una recesión en 2008 el apoyo popular a las medidas contra el cambio climático cayó en picado. La gente se imaginaba que pudiéramos abordar ambas crisis al mismo tiempo.

Esta vez la situación es distinta. A pesar de que la pandemia ha causado estragos en la economía mundial, el apoyo a las iniciativas contra el cambio climático continúa siendo tan alto como en 2019. Al parecer nuestras emisiones ya no son un problema que queremos barrer abajo de la alfombra.

Ahora la cuestión es la siguiente, cómo deberíamos aprovechar este impulso? Para mí la respuesta es clara. Durante la próxima década debemos centrarnos en las tecnologías, las políticas y las estructuras de mercado que nos encamina hacia la eliminación de los gases de efecto invernadero antes de 2050. No se me ocurre una mejor respuesta al nefasto 2020, que dedicar los próximos 10 años a perseguir esta ambiciosa meta.


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