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Lección 2.7 Nacionalismo.- Los problemas globales necesitan respuestas globales

Comentarios al libro 21 lecciones para el Siglo XXI de Yubal Noah Harari

Parte 5 de 14

Tiempo de lectura: 16 minutos

Cada Nación por su cuenta?

        Introducción    

La fusión de la infotecnología y la biotecnología es una amenaza para los valores modernos fundamentales de la libertad y la igualdad, cualquier solución a este reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero el nacionalismo, la religión y la cultura dividen a la humanidad en campos hostiles que hacen muy difícil cooperar globalmente.

Toda la humanidad constituye en la actualidad una única civilización del mundo. Comparte retos y oportunidades comunes, pero hoy Británicos, Estadounidenses, Rusos y recientemente los Chinos anexando a Hong Kong y otros numerosos grupos apoyan cada día más     él sentimiento nacionalista. ¿Acaso podría ser esta la solución a los problemas sin precedente de nuestro mundo global?

A fin de responder a esta pregunta primero hemos de observar que las naciones-estado actuales no son una parte interna de la biología humana, ni un resultado inevitable de la psicología humana. No existían Italianos, Rusos, ni Turcos hace 5,000 años. Es cierto que     los humanos somos animales sociales de pies a cabeza y la lealtad al grupo está impresa en nuestros genes; sin embargo , durante millones de años vivimos en pequeños comunidades íntimas y no en grandes naciones estado.

No conocemos ningún límite superior para el tamaño de un grupo con el cual la gente pueda identificarse. La mayoría de las naciones de hoy en día cuenta con más gente de la que había en toda la población mundial hace 10,000 años.

    La razón porque las tribus se fusionaron en Egipto poco a poco , fue para poder construir presas y canales para regular el flujo del río Nilo,  acumular reservas de grano para los años de vacas flacas y establecer un sistema de transporte y comunicación en todo el país.

A pesar de tales ventajas transformar tribus y clanes en una nación única nunca fue sencillo ni en épocas antiguas, ni en la actualidad.     Porque el nacionalismo tiene dos partes: una fácil y la otra muy difícil, la parte fácil es preferir a gente como nosotros  antes que a los extraños. Los humanos lo han hecho durante millones de años. La xenofobia está dentro de nuestro ADN. La parte difícil del nacionalismo es preferir muchas veces a extraños antes que a los amigos y a los familiares;  por ejemplo, un buen patriota paga sus impuestos de forma honesta de manera que niños desconocidos, en el otro extremo del país, tengan una buena asistencia sanitaria nacional, incluso si esto significa que él no pueda enviar a sus propios hijos a un hospital privado y caro.

Los sistemas enormes no pueden funcionar sin lealtades en masa. Expandir el círculo de la empatía humana tiene sin duda sus méritos,     las formas moderadas de patriotismo figuran entre las creaciones humanas más benignas. Creer que mi nación es única, que merece mi lealtad y que tengo obligaciones especiales para con sus miembros, me impulsa a cuidar a otros y hacer sacrificios en su nombre. Es un error peligroso imaginar que sín nacionalismo todos viviríamos en un paraíso liberal.

El problema empieza cuando el patriotismo benigno se metamorfosea en ultranacionalismo patriotero, en lugar de creer que mi nación es única (lo que es cierto para todas las naciones). Puedo comenzar a sentir que mi nación es Suprema,     que le debo toda mi lealtad y que no tengo obligaciones importantes para con nadie más. Este es terreno fértil para los conflictos violentos.

    Durante generaciones la critica más básica al nacionalismo era que conducía a la guerra.  Pero la conexión entre nacionalismo y violencia no frenó los excesos nacionalistas, en particular porque cada nación justificaba su propia expansión militar por la necesidad de protegerse de las maquinaciones de sus vecinos.

Mientras la nación proporcionara a la mayoría de sus ciudadanos niveles inéditos de seguridad y prosperidad, estos se hallaban dispuestos a pagar el precio en sangre.     Las cosas cambiaron en 1945, la invención de las armas nucleares alteró considerablemente el equilibrio del acuerdo nacionalista. Después de Hiroshima la gente ya no temía que el nacionalismo le condujera a la simple guerra, empezó a temer que lo llevara a una guerra nuclear.  La aniquilación total es capaz de azuzar a la mente de la gente y gracias a que esa amenaza existencial compartida se desarrolló gradualmente, una comunidad global podría contener el demonio nuclear, por encima de las diversas naciones.

En consecuencia     durante la Guerra fría el nacionalismo adopta un papel secundario frente a una perspectiva más global de la política internacional. Cuando la Guerra fría terminó, la globalización parecía ser la tendencia arrolladora del futuro. Se esperaba que la humanidad dejaría atrás la política nacionalista como una reliquia de épocas más primitivas, que a lo sumo quizá atrajeran a los habitantes mal informados de unos pocos países subdesarrollados.

    Sin embargo los acontecimientos de años recientes han demostrado que el nacionalismo tiene todavía un arraigo profundo. Incluso los ciudadanos de Europa y Estados Unidos por no mencionar Rusia, la India y China, alienados por las fuerzas impersonales del capitalismo global y por el futuro de los sistemas nacionales de salud, educación y bienestar, la gente de todo el mundo busca seguridad y sentido de pertenencia en el regazo de la nación.

    Aunque el nacionalismo tiene muchas ideas buenas acerca de como gobernar una nación concreta, lamentablemente no posee un plan viable para hacer funcionar el mundo como un todo.  Algunos nacionalistas esperan que el mundo se convierta en una red de fortalezas amuralladas, pero amistosas. Cada fortaleza nacional protegerá su identidad y sus intereses únicos pero no obstante todas las fortalezas podrían cooperar y comerciar pacíficamente. No habría inmigración, ni multiculturalismo. Pero en el pasado todo intento por dividir el mundo en naciones bien definidas ha terminado en guerra.

Otros nacionalistas adaptan una posición más extrema y dicen que no necesitamos ningún tipo de cooperación global. Cada nación debe preocuparse únicamente por sus propios intereses y no ha de tener obligaciones hacia el resto del mundo. Las fortalezas sólo tienen que levantar sus puentes levadizos y reforzar sus murallas y el resto del mundo puede irse al infierno.

Esta posición que niega los principios sociales, no tiene sentido.     Ninguna economía moderna puede sobrevivir sin una red comercial global y le guste o no, la humanidad se enfrenta hoy en día a tres retos comunes que ponen en ridículo todas las fronteras nacionales y que sólo pueden resolverse mediante cooperación global. Y estos son el reto nuclear, el reto ecológico y el reto tecnológico que influirán mundialmente como veremos más adelante.

        El Reto Nuclear.    

Dos años después de la crisis de los misiles cubanos, la aniquilación nuclear era una amenaza palpable, expertos y profanos temían por igual que la humanidad no tuviera la sensatez de evitar la destrucción y creían que sólo era cuestión de tiempo para que la Guerra fría se volviera caliente y abrasadora. En realidad la humanidad se enfrentó con éxito al reto nuclear; Norteamericanos, Soviéticos, Europeos y Chinos cambiaron la manera como se ha realizado la geopolítica durante milenios. De forma que la Guerra fría llegó a su fin con poco derramamiento de sangre y surgió un nuevo mundo internacional que promovió una era de paz sin precedentes.

No sólo se evitó la guerra nuclear, sino que las contiendas de todo tipo se redujeron de forma sorprendente. Desde 1945 muy pocas fronteras se han redibujado a raíz de una agresión brutal y la mayoría de los países han dejado de utilizar la guerra como herramienta de política estándar.     En 2016 a pesar de la guerra en Siria, Ucrania y varios otros puntos calientes, menos personas murieron debido a la guerra comparado con la obesidad, los accidentes de tráfico y el suicidio. Esto podría muy bien haber sido el mayor logro político y moral de nuestra época (de 1945 al 2016).

Las armas nucleares han hecho subir la apuesta y cambiado la naturaleza fundamental de la guerra y la política. Mientras los humanos sepan cómo enriquecer el uranio y el plutonio, su supervivencia dependerá de preferir prevenir la guerra nuclear frente a los intereses de cualquier nación concreta.     Los nacionalistas entusiastas que gritan: «¡primero nuestro país!», deberían preguntarse si su país por sí solo, sin un sistema sólido de cooperación internacional, puede proteger al mundo o incluso protegerse a sí mismo, de la destrucción nuclear.

        El Reto Ecológico.    

Además de la guerra nuclear en las décadas venideras, la humanidad se enfrentará a una nueva amenaza existencial que apenas se registraba en los radares políticos en 1964:     El colapso ecológico: los humanos están desestabilizando la biosfera global en múltiples frentes. Cada vez tomamos más recursos del entorno al tiempo que vertemos en él enormes cantidades de desechos y venenos; que provocan cambios en la composición del suelo, el agua, en la atmósfera y en el mundo animal, terrestre y marino.

La agricultura industrial moderna se basa en la fertilización artificial de los campos con grandes cantidades de fósforo. Pero el escurrimiento cargado de fósforo procedente de los campos de cultivo envenena los ríos, lagos y océanos y tiene un impacto devastador sobre la vida marina.

 Un agricultor que cultive maíz en Iowa podría sin saberlo, estar matando miles de peces en el golfo de México.

 Durante miles de años el Homo Sapiens se ha comportado como un asesino ecológico en serie. Ahora está transformándose en un asesino ecológico en masa. Si continuamos con esta trayectoria no sólo se llegará a aniquilar gran porcentaje de todos los seres vivos, sino también podrían debilitarse los cimientos de la civilización humana.

    El cambio climático es una realidad actual, nadie sabe exactamente cuánto dióxido de carbono podemos continuar bombeando a la atmósfera sin desencadenar un cataclismo irreversible.  Nuestras estimaciones científicas más optimistas indican que al menos que reduzcamos de forma drástica la emisión de gases de efecto invernadero en los próximos 20 años, las temperaturas medias globales aumentarán más de 2° grados centígrados. Esto provocará la expansión de los desiertos, la desaparición de los casquetes polares, el aumento del nivel de los océanos y una mayor incidencia de acontecimientos meteorológicos extremos como huracanes, tifones e incendios forestales incontrolables.

        Estos cambios alterarán a su vez la producción agrícola, inundarán ciudades, harán que gran parte del mundo se vuelva inhabitable y que cientos de millones de refugiados busquen nuevos hogares.    

Pero se está llegando a cierto punto de inflexion en donde ya no bastará actuar para invertir la tendencia y evitar la tragedia mundial. Con el calentamiento global las capas de hielo polares se derretirán y reflejaran menos luz solar desde nuestro planeta hacia el espacio exterior.     Ello significa que la tierra absorberán más calor; que las temperaturas aumentarán todavía más y que el hielo se fundirá con mayor rapidez. Una vez que este circulo vicioso traspase un umbral crítico, alcanzará un impulso irrefrenable y todo el hielo de regiones polares se derretirá;  aunque los humanos dejen de quemar carbón, petróleo y gas. De ahí que no sea suficiente que reconozcamos el peligro al que nos enfrentamos.     Es fundamental que realmente hagamos algo al respecto AHORA.

¿Donde encaja el nacionalismo en este panorama alarmante? ¿Existen respuestas nacionalistas a la amenaza ecológica?     ¿Puede una nación por poderosa que sea, frenar el calentamiento global por sí sola? La respuesta es: ¡No¡

Sin duda, cada país individualmente puede tomar una serie de medidas y políticas verdes, muchas de las cuales tienen sentido tanto ambiental como económico. Los gobiernos pueden cobrar impuestos a las emisiones de carbono, añadir costos a los usuarios del petróleo y el gas, abogar por leyes ambientales más restrictivas, dar subsidios a las industrias no contaminantes y apoyos a las generadoras de energías renovables favorables al medio ambiente.

También puede invertir más dinero en investigar y desarrollar tecnologías respetuosas con el medio ambiente, en una especie de proyecto Manhattan ecológico.

Los avances tecnológicos también pueden ayudar por ejemplo, en la industria de la carne, que es una de las principales causas del calentamiento global y de la contaminación por etano. Es posible colaborar en la salvación del sistema ecológico y también a miles de millones de animales de una vida de desgracia miserable, mediante el desarrollo de métodos eficientes de hacer crecer carne a partir de células.    Si quieres una hamburguesa simplemente hay que hacer crecer una hamburguesa en lugar de crear y sacrificar una vaca entera.

Así que hay muchas cosas que los gobiernos, las empresas y los individuos pueden hacer para reducir los efectos del cambio climático; pero para hacerlas efectivas tienen que emprenderse a un nivel global. Cuando se trata del clima los países ya no son soberanos, se encuentran a merced de las acciones que otras personas hagan en la otra punta del planeta.  

Algunos países podrían reducir las emisiones de gases a cero pero podrían estar sumergidos en el mar bajo el oleaje creciente producto del derretimiento de los casquetes polares , si otros países no hacen lo mismo. Para proteger a Shanghai, Hong Kong y Tokio de inundaciones y tifones destructivos, los Chinos y los Japoneses tendrán que convencer a los gobiernos Estadounidense y Ruso de que abandonen su estrategia de hacer lo de siempre.

    El aislamiento nacionalista probablemente sea incluso más peligroso en el contexto del cambio climático que en el de la guerra nuclear-.  Algunos países de manera notable, como Rusia, podrían beneficiarse del cambio climático. Rusia relativamente tiene pocos recursos costeros de manera que está mucho menos preocupada que China por el aumento en el del nivel del mar. Por lo tanto las temperaturas más altas es probable que transformen a Chad en África Central en un gran desierto. Al mismo tiempo que podrían transformar a Siberia en el granero del mundo, así como al fundirse el hielo del Norte, las vías marítimas Árticas dominadas por Rusia podrían convertirse en la arteria del comercio global y tal vez sustituir a Singapur como encrucijada del mundo.

Una bomba atómica es una amenaza tan evidente e inmediata que nadie puede pasarla por alto.     En cambio el calentamiento global es una amenaza más vaga y demorada en el tiempo. De ahí que siempre que las consideraciones ambientales a largo plazo exijan algún sacrificio doloroso. A corto plazo, los nacionalistas puedan verse tentados a anteponer los intereses nacionales inmediatos y a tranquilizarse diciendo que ya se preocuparán más tarde del medio ambiente. Esto dejaría que lo haga la gente en otros sitios o podrían sencillamente negar el problema.

        El reto tecnológico.    

Es presumible que la misma dinámica de al traste con cualquier antídoto nacionalista para la tercera amenaza existencial del siglo XXI. Es la disrupción tecnológica, como hemos visto en capítulos anteriores la convergencia y fusión de la infotecnología y la biotecnología; estas abren la puerta a un sinfín de situaciones hipotéticas sobre el tema del fin del mundo: que van desde las dictaduras digitales a la creación de una clase inútil global. ¿Cuál es la respuesta nacionalista a esas amenazas?

    No hay respuesta nacionalista. Con la disrupción tecnológica ocurre lo mismo que con el cambio climático: el estado-nación es simplemente el marco equivocado para enfrentarse ante esa amenaza, puesto que la investigación y desarrollo no son monopolio de ningún país. Ni siquiera una superpotencia como Estados Unidos es capaz de limitarlos por sí sola. Si el gobierno Estadounidense prohíbe manipular genéticamente embriones humanos, esto no impide que científicos Chinos lo hagan y esto pudiera darle una ventaja económica o militar a China. Entonces los Estadounidenses se sentirían tentados a incumplir su propia prohibición.

    Para evitar esta carrera hacia el abismo, probablemente la humanidad necesite algún tipo de identidad y lealtad global Además mientras que la guerra nuclear y el cambio climático amenazan sólo la supervivencia física de la humanidad, las tecnologías disruptivas podrían cambiar la naturaleza misma del género humano. Por lo tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas.

Después de 4,000 millones de años que la vida orgánica ha evolucionado mediante la selección natural, la ciencia da lugar a la era de la vida inorgánica modelada por el diseño inteligente.     Dentro de un siglo o dos la combinación de la biotecnología y la inteligencia artificial podría resultar en características corpóreas físicas y mentales que se liberan por completo del molde homínido. Hay quienes creen incluso que la conciencia podría separarse de cualquier estructura orgánica y surfear por el ciberespacio libre de toda limitación biológica y física.

¿Dentro de un siglo estará la tierra gobernada por Sapiens o por un Cyborgs? Con el fín de tomar decisiones sensatas sobre el futuro de la vida necesitamos ir mucho más allá del punto de vista del nacionalista y considerar las cosas desde una perspectiva global o incluso cósmica.

     Como las tribus antiguas de las riberas del Río Nilo, todas las naciones viven en la actualidad a lo largo de un río global y único, solo que de información. Descubrimientos científicos e invenciones tecnológicas son la base de nuestra prosperidad y también una amenaza para nuestra existencia. Para regular este río global todas las naciones deben hacer una causa común si desean sobrevivir.

        La nave espacial tierra .   

    Es probable que estas tres amenazas (la guerra nuclear, el colapso ecológico y la disrupción tecnológica) se intensifiquen y constituyan una crisis existencial sin precedentes en el siglo XXI, en especial porque es probable que se refuercen y se agraven mutuamente. Por ejemplo, aunque la crisis ecológica amenaza la sobrevivencia de la civilización humana como la hemos conocido, es probable que con el aumento del nivel de los océanos, la reducción de los recursos alimenticios y las migraciones en masa, distraigan nuestra atención. A medida que la crisis ecológica se intensifique, probablemente el desarrollo de tecnologías de elevado riesgo y de elevados beneficios no hará más que acelerarse.

Un enemigo común es el mejor catalizador para forjar una identidad. Ahora la humanidad tiene al menos tres de esos enemigos: la guerra nuclear, el cambio climático y la disrupción tecnológica. Si a pesar de estas amenazas comunes los humanos deciden anteponer sus lealtades nacionales particulares a los demás, las consecuencias pueden ser mucho peores que en 1914 y en 1939 con la primera y la segunda Guerra Mundial.

    Ahora tenemos una ecología global, una economía global y una ciencia global pero todavía estamos empantanados en políticas sólo nacionales. Esta falta de encaje impide que el sistema político se enfrente de manera efectiva a nuestros principales problemas.     Para que la política sea efectiva hemos de hacer cuatro cosas: globalizar la ecología, la economía, la ciencia y nuestra política.  Ya que es imposible desglobalizar la ecología y el progreso de la ciencia; y ya que el coste de desglobalizar la economía sería prohibitivo, la única solución real es globalizar la política.

        En el siglo XXI con el fin de cuidar bien a nuestros compatriotas hemos de cooperar con extranjeros, de modo que los buenos nacionalistas tienen que ser ahora buenos globalistas.    

Cuando se acercan las elecciones y los políticos imploren por nuestro voto plantemos las 4 preguntas si usted es elegido:     ¿Qué acciones emprenderá para reducir los riesgos de una guerra nuclear? ¿Qué acciones emprenderá para reducir los riesgos del cambio climático? ¿Qué acciones emprenderá para regular las tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial y la bioingeniería? y finalmente ¿Cómo ve Usted el mundo en el 2040 con sus mejores situaciones hipotéticas?

Si el político quiere hablar del pasado, o no entiende éstas preguntas, y no es capaz de formar una visión de futuro…no votes por este tipo de políticos.

        Conclusión    

El nacionalismo, la religión y la cultura dividen a la humanidad en terrenos hostiles que hacen muy difícil la cooperación global. Nos preguntamos, el sentimiento nacionalista, sería acaso la solución a los problemas sin precedentes de nuestro mundo global en el siglo XXI?

Durante milenios la humanidad vivió en comunidades pequeñas e íntimas con gran lealtad al grupo y no en grandes naciones-estado. La razón porque las tribus de Egipto se fusionaron fue para construir presas y controlar el flujo del río Nilo con todas las ventajas que les ayudaron para construir su gran civilización.

Construir el nacionalismo presenta dos problemas uno la parte fácil; es preferir a la gente como nosotros y la otra parte la difícil; es tener que preferir a extraños antes que a nuestros amigos y a nuestros familiares que se requiere para crear un Estado-Nación, que nos identifique con un territorio, un himno y una bandera y una historia.

Las formas moderadas de patriotismo fueron de las creaciones humanas más benignas. El problema se presenta con el ultranacionalismo patriotero que hace me hace sentir que mi nación es Suprema y que no le debo lealtad a nadie más, eso terreno fértil para conflictos violentos. Durante años la crítica al nacionalismo fue que conducía a la guerra.

El nacionalismo cambió en 1945 con la invención de las armas nucleares, se altero el equilibrio nacionalista después de Hiroshima porque la gente empezó a temer mucho más a la guerra. Durante la Guerra fría el nacionalismo fue secundario frente a una perspectiva más global de la política internacional, cuando la Guerra fría terminó la globalización parecía la nueva tendencia arrolladora para el futuro.

Acontecimientos recientes como el Brexit y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, entre otras demuestran que el nacionalismo tiene todavía un arraigo profundo y aunque el nacionalismo tiene buenas ideas para gobernar una nación concreta, lamentablemente no posee un plan viable para hacer funcionar al mundo como un todo.

Algunos nacionalistas piensan en convertir al mundo en una red de fortalezas amuralladas que comercian entre sí sin ninguna inmigración. Pero ninguna economía moderna puede sobrevivir sin una red comercial global y además la humanidad completa se enfrenta 3 retos comunes que ponen en ridículo todas las fronteras nacionales y que sólo pueden resolverse con la cooperación global y estas son el reto nuclear, el reto ecológico y el reto tecnológico que influirán mundialmente en el siglo XXI.

Con referencia al reto nuclear el fin de la Guerra Fría llegó sin derramamiento de sangre en 1989 y un nuevo mundo internacional promovió una era mundial de paz sin precedentes. En 2016 a pesar de la guerra en Siria y en Ucrania picas personas han muerto debido a la guerra mucho menos que las muertes por obesidad, accidentes de tráfico y suicidio. Esto parece ser el mayor logro político entre 1945 y 2016. Los nacionalistas pareciera que no ven lo difícil que sería protegerse por sí solos de una guerra nuclear en donde todos perderíamos.

En cuanto el reto ecológico el exceso de los uso de los recursos naturales de la tierra, el mar y el aire, pone en serio peligro la viabilidad humana. La amenaza del cambio climático con todas sus consecuencias ni un país lo puede resolver por sí solo. No hay país por grande que sea que pueda resolver este reto global, los cambios venideros alteran la producción de alimentos y el clima de las ciudades y el nivel del más, con posibles inundaciones y escasez de alimentos. Puede una nación nacionalista por sí sola asumir y gestionar todas las consecuencias del cambio climático? La respuesta es No.

La interconexión climática de los países se notará cuando los problemas ecológicos se agraven y las naciones ya no queden libres de las consecuencias de lo que hacen otros países en el otro extremo del planeta. Poniendo a trabajar científicos en proyectos de investigación y desarrollo para reducir desechos en todas las áreas es posible encontrar soluciones en conjunto más que en forma independiente.

El calentamiento global es una amenaza más vaga en el tiempo que la bomba atómica, pero probablemente con peores consecuencias.

Con referencia al reto técnologico puedo decir: cómo es sabido el cambio, cada vez más veloz, alimentado por la inteligencia artificial, el Bitcoin, la biotecnología, el incremento de las esperanza de vida sana hasta los 125 años, la realidad virtual, junto con los cambios en la producción debido a aplicaciones de la imprension 3D y la robótica; dentro del ecosistema global de intetnet podrían dejar a una gran parte de la población sin empleo, que perdería su poder económico y su poder político, esto obligará a grandes masas de personas a aprender constantemente e reinventarse por lo menos cada 10 años, para adaptarse a los nuevos empleos.

Los que tengan empleo serán una casta de privilegiados, los demás podrían vivir de una renta básica mensual proporcionada por el gobierno, que les permita consumir mientras se reeducan hasta alcanzar una jubilación.

Después de todo lo expuesto por Yubal Noah, puedo concluir que el Nacionalismo supremacista no es la solución para los tres grandes retos de la humanidad en el siglo XXI.

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